Opinión

Y la boa sirvió de masajista durantela Semana Santa

HISTORIAS Y AVENTURAS…

Por  Rosario Oropeza

Hoy martes nos ponemos en las manos del gran arquitecto del universo y la ciencia médica. Que el creador derrame bendiciones, y que todo vaya bien.

El campismo ha sido por toda la vida una de nuestras pasiones, nada más relajante que entrar en pleno contacto con la naturaleza, sean bosques, montañas, las playas o el mar.

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Nos alistamos durante varios días con víveres, tiendas de campaña, agua dulce y tres embarcaciones menores. La idea fue acampar durante la Semana Santa, donde por muchos años lo hicimos, en La Palmita, lugar paradisiaco donde se junta la bahía de Altata con el mar de Cortés.

El miércoles por la tarde del año 1993 ya estábamos instalados, cuatro familias completas y cada quien en su casa de campaña. El disfrute de salir de la rutina era simplemente halagador. Por la noche, Fernando, un pescador a quien decíamos Chapis, que nos acompañaba con su esposa e hijos, y con varias cervezas en la panza, sintió que bajo su tienda algo se movía y le daba una especie de majases: no le hizo caso.

Las noches subsecuentes ocurrió lo mismo: algo se meneaba en el piso de la endeble casa, pero Chapis lo ignoraba. El domingo temprano, vuelta a la realidad, y a desarmar el paraje, y ¡oh, sorpresa!, bajo el lugar donde dormía había una enorme boa enroscada que salió huyendo y se internó entre el monte. Y es la boa, la boa, la boa.

¡Qué golpe tan duro!...

 

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