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Rubén Rocha Moya

EL ARTE DE NOVELAR

Como actividad productiva y como tema para narradores, el tráfico de drogas es inagotable. Genera héroes y antihéroes creíbles y no pocos resultan entrañables. En un país donde la impunidad es considerable y la aplicación de la ley tiene precio, un personaje que se enfrenta a una policía corrupta y a un ejército convenenciero, termina por ser centro de admiración de una colectividad golpeada por la miseria y la desesperanza, que además puede ser beneficiada económicamente. Tal es la premisa de la novela El disimulo, así nació el narco, de Rubén Rocha Moya, publicada en México por Granises Servicios Editoriales, en 2013.

Rubén Rocha Moya, nacido en Badiraguato, Sinaloa, México, en 1949, es un político y académico familiarizado con el tema. Con mano segura desarrolla la historia de Maclovio Medina, desde que era un joven vendedor de canabis hasta que se convierte en el narco más influyente de la región, con inversiones en diversos rubros y un poder inmenso sobre personas y lugares. Es inteligente, violento y leal a su gente, sobre todo a los habitantes de Chepederas, la población serrana de donde es originario. Antes de alcanzar el nivel de gran figura, le pasa de todo: se tiene que perder de la sierra, es traicionado y cae preso, encuentra un aliado ambicioso y controla el tráfico en el penal, tiene esposa, dos hijos y una hija, le matan un hermano, entre otras cosas. Rocha Moya desarrolla el personaje hasta que lo convierte en un hombre duro que toma extrañas decisiones, como la de cercar su pueblo para protegerse de sus enemigos, o crear un búnker en un cerro equipado con todo, incluyendo un quirófano.

Cada libro que se publica sobre el narco en México es una ficha de ese inmenso rompecabezas que es la representación de una realidad que nadie se atreverá a negar, y que ha creado un auténtico monstruo que ha terminado por afectar la vida cotidiana de nuestros pueblos y modificado las aspiraciones de los jóvenes. Escribe Rocha: "Estos nuevos campesinos, con opción de siembra de marihuana y goma, habían desarrollado una inteligencia especial, con capacidad para pactar con un gobierno permisivo y corrupto", y para eso utilizaban el disimulo, que es el nombre que recibía la cantidad de dinero que implicaba un buen arreglo con la autoridad que siempre sería mejor que un buen pleito; más adelante agrega: "Mantenía con celosa precisión el contacto con los jefes militares, para el pago puntual de sus compromisos, porque cualquier retraso podría provocar la tala de tal o cual plantío." Con pérdidas millonarias.

La escritura de Rocha muestra sin ninguna actitud intelectual el poder del lenguaje popular. Expresiones como tuturusco: nervioso, tembloroso; lomo bichi: espalda desnuda; arrebiatado: uno tras otro; auto con clavo: auto con depósito para transportar drogas o dinero; lurio: alegre, creído, enamoradizo; cuichi: fácil; ancheta: cosa, situación; sacar en calda: obligar a huir aceleradamente; espichadito: verse serio después de una aclaración u ofensa, poseen una carga de naturalidad sorprendente e indican que forman parte del habla cotidiana de una región. Este detalle lingüístico es parte de lo que esta novela ofrece a sus lectores. Rocha es un autor atemperado, a pesar de lo intenso de varias de las atmósferas de El disimulo, cuida mucho el tema de la violencia verbal.

En el narco el asunto de los herederos es complicado. En el caso de Maclovio Medina tiene a su hijo Maclovio Alonso que cae preso. En ese momento, es su hija Martha Sofía la que se revela como una mujer capaz de dirigir a parte de la banda y de generar nuevas ideas para optimizar el tráfico y las ganancias. Le dicen la Soberana y su mando es "muy fino, cuidadoso, eficiente y despiadado". Ya verán como carece de dulzura y su sed de venganza es insaciable. Rocha crea un monstruo hermoso, quizá una de las maneras en que una mujer pudo integrarse a delinquir en los tiempos en que el narcotráfico se fue convirtiendo en una actividad económica importante para la región.

El disimulo no es una novela histórica; pero sí es la historia de un hombre y de su pueblo que descubrieron que sembrar y traficar drogas era más productivo que la siembra de temporal, ir de braceros al norte o a la costa a trabajar en los campos tomateros. Es una novela de cómo el narco alteró las costumbres de los pueblos, modificó las fiestas y las tradiciones y creó "una verdadera empresa delincuencial… capacitada en las más diversas artes de la industria criminal". Es una novela para recapitular qué pasó en nuestro país que ya soportó una cruenta guerra y casi cambia de nombre.