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Rumbo al 2016

IDEAS PARA EL CAMBIO

Hay un tiempo para todas las cosas. Más aun cuando la ruta todavía es larga, caracterizada por enorme competencia, y siempre expuesta a la vulnerabilidad propia de cambiantes escenarios de coyuntura. Nadie tiene asegurado nada desde ahora. Todo son juegos de imágenes. Las acciones emprendidas sólo pretenden construir percepciones políticas, aunque sean falsas y traten de engañar.

Quien pretenda alcanzar el éxito, deberá trabajar desde sus cimientos rumbo al 2016. Las cosas ya no pueden ser iguales al pasado. La sociedad cambió. La realidad social, económica y política es diferente. Por eso, los tiempos de hoy tienen que ser de estudio, reflexión, comparación y diseño de propuestas. De manera prioritaria, ahora se puede trabajar en aspectos como los siguientes.

Primero: los partidos políticos son ahora demasiado parecidos entre sí. El ciudadano ya no percibe grandes diferencias. Por eso le es indistinto uno u otro y apoya a candidatos que le son más simpáticos, al que canta mejor, al que dice mejores chistes o a quien se comporta de manera más estrafalaria.

Antes de pensar en candidatos, habrá que trabajar en la diferenciación política. Lo ideológico, lo programático, tienen que recuperar el lugar perdido. El debate político y la discusión pública deben mejorar su calidad. De no hacerlo, la sociedad difícilmente podrá avanzar.

Segundo: el discurso político no tiene contenido, es poco claro y carece de razonamiento. No convence, no tiene contundencia. Hace tiempo fue sustituido por slogans huecos, spots repetitivos y jingles que rayan en el ridículo.

Esto no debe continuar. El mensaje, las ideas y las propuestas tienen que volver a ser fundamentales en una elección. Ya no se puede dar mayor importancia a la imagen por encima de la sustancia.

Tercero: la política se ha transformado en un mercado electoral. Ganar adeptos y simpatías es un asunto de mercado y de dinero. Se compra el voto con dinero y a través del regalo de productos y de artículos promocionales de muy diverso tipo.

El partido y el candidato ya no se esfuerzan por convencer, proponer ni debatir propuestas. Trabajan para construir falsas percepciones y no para construir nuevas realidades. Ello debe cambiar. Por el bien de todos, hay que elevar la calidad de la política. La democracia hoy se está erosionando con rapidez, y ninguna sociedad puede progresar sin ella.

Trabajar políticamente en estos tres aspectos, es condición fundamental para que en el 2016 exista una transición gubernamental que genere beneficios sociales y productivos para todos. Hay que hacer que la política sea realmente útil.

Los aspirantes podrán fortalecer su posicionamiento desde ahora, en la medida en que atiendan este conjunto de temas que fortalecen todo proyecto de transformación social, productiva y cultural. Lo demás es continuar en el engaño, en la simulación y en el estancamiento. Esto no puede ocurrir rumbo al 2016.