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Opinión

S.O.S. Cabo

Per saecula saeculorum
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Por: Beatriz Acevedo Tachna

"Qué tragedia lo de Cabo", "qué feo lo de la Baja", "ay, qué mala onda", "qué triste" y "qué horror", son las frases que he venido oyendo desde que Odile furiosa osó emberrincharse en una de nuestras preciosas costas cuan dama celosa, histérica y menopáusica. Miles de mensajes empezaron a circular por las redes sociales, por el celular, por teléfono a nuestros conocidos, a nuestros amigos y familiares que residen en ese paradisiaco lugar. "¿Estarán bien?", "¿les habrá afectado mucho?" y miles de cuestiones más que nos lanzábamos sin imaginarnos la gravedad del asunto hasta que los pocos que tuvieron acceso a la comunicación empezaron a contar sus terribles experiencias, lo desesperante que era estar encerrados en un baño, en una cocina, en una cochera, en un clóset, bajo la cama viendo volar láminas, ventanas, postes, árboles y un chiflón de miedo dentro de sus casas que quedaron inundadas y destrozadas. Una de las reflexiones que se me hizo más profunda, más sincera, más fuerte, simpática, fría, cálida y agridulce a la vez la escribió una apreciable amiga: "no tuve que ir al spa para tener un sauna, tan sólo encerrarme en el clóset, no necesitamos alberca, con que se quebrara el ventanal tuvimos, no fuimos a antro pero tenemos la música a todo para no oír todo lo que vuela afuera y de todos los bienes que poseemos, LOS MÁS IMPORTANTES CABEN EN UNA MOCHILA y el otro sujeta mi mano... un verdadero recordatorio que lo material no sirve de nada". Cuando lo leí me puse a pensar qué haría yo en un momento de tragedia de semejante calibre, ¿cómo reaccionaría?, ¿qué es lo primero que haría?, ¿entrara en pánico o fuera práctica y eficaz? Me entran semejantes dudas porque debo confesar que siempre he sido fría y calculadora, y cuando les digo calculadora no estoy exagerando, mis amigos se ríen de mí, con decirles que hasta cuando voy a pescar, acampar o a un simple paseo en lancha llevo toda una mochila repleta de víveres secretos: barritas de granola, chocolates para la energía y un bolón de sueros al lado de una pequeña navaja que me regaló mi abuela (de esas suizas con cuchillito, lija, desatornilladores, tijeras y demás que son verdaderamente SALVADORAS DE VIDAS O SACADORAS DE EMERGENCIA), una lucecita led, medicamentos para las alergias, picaduras, antibiótico en pomada y cuanta cosa se me ocurra echarle a la dichosa mochila que en caso de quedarme varada, naufragar o pasar por un tsunami representa la tranquilidad que necesito para pensar que "HE DE SOBREVIVIR". Al lado de mi "fantasiosa" y "precipitada" tragedia, siempre sobrepienso en estas dudosas reacciones que tendría, pienso que cuando sacara mis víveres los tendría que compartir, racionar entre los tripulantes, entre los "sobrevivientes", no por obligación ni por un acto heroico, sino porque siento que los seres humanos necesitamos tanto estar acompañados, extraer fortaleza de otros seres vivos, acompañarnos en los momentos malos, que es un pequeño acto egoísta y a la vez desinteresado para "AYUDAR PARA AYUDARTE". También me puse a pensar en ¿qué me gustaría comer?, ¿qué me gustaría vestir?, ¿qué me gustaría tener si me quedo sin nada? Poniéndome en el lugar de la gente más damnificada de Cabo. Sé que definitivamente me gustaría comer sopa, la sopa es vida, y también algo fresco, con tostadas, con pan, ensalada de atún, sopa de coditos y antojos rápidos y fáciles de preparar, hasta me imaginé tratando de abrir la lata con mi navajita casi mágica. Sé que definitivamente me gustaría tener cosas para mi higiene personal, champú del que sea (nunca he sido mañosa, Dios me ha apremiado con una excelente cabellera, al igual que mi madre, y lo que nos pongamos nos deja el pelo formidable), me gustaría tener crema del cuerpo y un cepillo de dientes con pasta, lo demás creo que me las pudiera ingeniar con lo que hubiera alrededor. Sé que son puras tonterías lo que pienso, pero no puedo evitar que por mi mente pasen ese tipo de cosas, sobre todo cuando vengo llegando del DIF con el corazón lleno, ya que era incontable la cantidad de personas ayudando, empaquetando cosas, camionetas y más camionetas, tráileres repletos de víveres, de agua, de ropa, no estaba la amargosa expresión "¡¡¡QUE LOS AYUDE EL GOBIERNO!!!" no, simplemente estaba la AYUDA POR DOQUIER. Qué alegría que sigamos teniendo ese ingrediente, ese que nos hace sacar las uñas, el cobre, el filo, la garra cuando el de al lado lo necesita, cuando se nos llena el alma de empatía, cuando no hay distancia que nos pare y arrasamos con la tragedia, acabamos con ella, la embalsamamos y la curamos esperando que cuando nos toque ser pacientes, con esta escuela, tengamos un excelente médico. ¿Y tú, ya te imaginaste qué echarías en tu mochila de supervivencia? ¿Ya donaste? ¿Qué esperas? ///

Twitter @BeAcevedoTachna