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Sangran los gigantes

PORTARRETRATO

La cita con la modernidad se esperaba hace tanto tiempo, que se pensó que nunca llegaría. Los intentos por romper los monopolios que mejor lucen en el aparador del rezago económico y político, fueron tan anunciados que se convirtieron en retórica hueca. Pero si alguien cree que Carlos Slim y Emilio Azcárraga, arquetipos del poder económico concentrado, aceptarán pasivamente que son "preponderantes", eufemismo de monopólicas, no los conocen. Pero tampoco se equivoquen.

El sello que les puso el viernes pasado el Instituto Federal de Telecomunicaciones a sus empresas, América Móvil –Telmex y Telcel–, y Televisa, buscarán alterar con sus cabilderos en los pasillos del poder y los medios, pero ya no para salvar la plenitud de sus reinos de telecomunicaciones, sino para que en la redacción final de las leyes secundarias, mantengan privilegios que les de ventajas sobre sus competidores.

Slim y Azcárraga sabían hace tiempo que la decisión soberana que marcaría a sus empresas como dominantes en telefonía y televisión, era inevitable. Slim mandó a la prensa en enero al líder de los telefonistas, Francisco Hernández Juárez, a declarar que Telmex estaba preparando desincorporarse en previsión de lo que sabían haría el Instituto Federal de Telecomunicaciones. Hernández Juárez telegrafiaba al gobierno lo que quería Slim: devolverle miles de usuarios del servicio telefónico en poblaciones de al menos 500 personas.

Las cosas no salieron como originalmente pensaban. En una entrevista en la revista Expansión en noviembre de 2012, el vocero de Telmex, Arturo Elías Ayub, yerno de Slim, respondió a una exigencia de Azcárraga para que hubiera reglas de asimetría, que en ningún país de los 18 donde operaba América Móvil, había ese tipo de regulación. "En todos hemos entrado con una fórmula mágica, a ver si la usan: se llama inversión. Hemos hecho red (e) infraestructura", agregó.

El fallo del Ifetel para ese mercado que, una vez abierto a la competencia se calcula en cuando menos 35 mil millones de dólares –la industria del entretenimiento, en comparación asciende a siete mil millones de dólares–, buscó precisamente una mayor asimetría en el codiciado mercado, pero en su contra a fin de garantizar competencia en los plazos más cortos posibles. A Slim lo obligan a dar servicios de infraestructura, sin condiciones, a precios de mercado. Pero Azcárraga no salió sin heridas. A Televisa le prohibieron la compra de derechos exclusivos para eventos tan lucrativos como la Copa del Mundo de Futbol, las liguillas en los torneos mexicanos o la Eurocopa.

Slim y Azcárraga, empresarios audaces, saben que el tema de la asimetría es temporal, mientras se ajusta el mercado. En Europa, por ejemplo, tardó siete años. Pero el futuro, cuando el dinero, la estrategia y el talento volverán a hacer la diferencia en el mercado, no será igual para ninguno de ellos dos. Y también lo saben.

Azcárraga no tenía ningún problema para que cualquier nuevo jugador tenga una o dos cadenas de televisión. En 2012 reveló el porqué en Expansión. Cuando le preguntaron cómo le afectaría Televisa, respondió: "Estamos preparados para competir. Nuestro contenido está claro que sabe competir en México y otros países. Cuando ves los resultados de Univisión (donde también es socio de ABC News), vemos las tendencias en ratings no con Telemundo (su competidora que está asociada con NBC); la vemos en el mainstream (los canales en inglés en Estados Unidos)".

Al igual que sucede con América Móvil, el mercado de Televisa trasciende a México. Desde hace más de dos décadas es el principal productor de contenido en español en el mundo, y su alianza en Estados Unidos con Univisión, un conglomerado de 12 cadenas de televisión, 69 estaciones de televisión locales y 62 de radio, no tiene rivalidad alguna en el horizonte. El presente y futuro de Televisa está en esa nación, el principal mercado global. Azcárraga, adelantado a los tiempos, vive hace años en Miami. Slim, también un empresario global, en la ciudad de México.

La desincorporación de Televisa, es mucho menos dolorosa para Azcárraga que la de América Móvil para Slim. El primero podrá entrar en condiciones de competencia al mercado de la telefonía donde la empresa de Slim tiene que ceder para no violar la ley, pero él, en las condiciones actuales, no puede incursionar en la televisión. No es favoritismo; es la ley, de acuerdo con su título de concesión.

El título de concesión de Telmex prohíbe expresamente que entre al campo de la televisión, actual a través de Dish, ha sido litigado sistemáticamente por Televisa y Grupo Salinas por utilizar las redes de Telmex. Vendrán ahora los cuestionamientos legales sobre UnoTV, su televisión por Internet, donde alegan las televisoras que sin importar la plataforma que usa para difundir contenidos –los Juegos Olímpicos de Invierno o la Fórmula Uno, por ejemplo-, no deja de ser televisión.

En el caso de Azcárraga, el título de concesión de Televisa no tiene esas ataduras. De hecho, Televisa se asoció en Iusacell, la empresa de telefonía celular de Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Azteca, por lo que ambas cadenas de televisión podrán ofrecer sus contenidos a través de la telefonía. Está el precedente y cualquier ley, no tendrá retroactividad.

Si no se modifica el título de concesión o logran los abogados de Slim, muy activos actualmente en Los Pinos y el Congreso, incorporar una serie de provisiones en la ley reglamentaria de telecomunicaciones que les abra esa puerta, ninguna cadena de televisión será entregada a Slim. Pero sus abogados, como los de Azcárraga, son gladiadores espartanos que nunca se dan por vencidos. Han luchado por años en un pleito sin cuartel.

Slim, que fue quien le dio el apalancamiento financiero a Azcárraga cuando entró en litigio con su familia para quedarse con la mayoría de acciones de Televicentro en los 90s –la placenta de Televisa–, tiene tiempo de haber roto con él. Esos "jóvenes", como los llaman en su entorno, no dejan de causar molestia por la intransigente pugna contra el segundo hombre más rico del mundo. Slim, frío y calculador, se está preparando para la siguiente fase.

A Azcárraga ya le metió el pie con la compra de derechos del Mundial de Futbol y al incursionar en el negocio del futbol mexicano, pero es cuidadoso con el gobierno.

A través de dos secretarios, Miguel Ángel Osorio Chong de Gobernación y Luis Videgaray de Hacienda, le ha enviado mensajes al presidente Enrique Peña Nieto que si ninguna cadena de televisión es para él, no dejará de invertir en México.

Con él no habrá problema político o económico, asegura. Azcárraga, que ha ido construyendo una relación en los últimos meses con Videgaray, tampoco se lanzará a una cruzada. Lo único que le generaba pesadillas y había estado luchando para que no se hiciera realidad es que Slim pudiera entrar a la televisión.

Azcárraga suele decir que en el nuevo mercado no es sólo se da servicio, sino contenidos. Él está muy seguro de los contenidos de Televisa, aunque sabe que Slim tiene el dinero y la creatividad para construir una sólida plataforma de contenidos, que es lo que ha venido haciendo en los últimos años. Pero por las reglas que se empezaron a configurar en el terreno de las telecomunicaciones, sus temores comienzan a disiparse. Si Slim quiere televisión, tendrá que pujar en igualdad de condiciones que quienes no tienen el poder de su telefonía. En ese campo, confían en Televisa, sería un rival con handicap.

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