Opinión

¿Asesores o aduladores?

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

Los diputados forman parte de los funcionarios que deben contar con asesores.(Foto temática El Debate)

Los diputados forman parte de los funcionarios que deben contar con asesores. | Foto temática El Debate

En el ámbito público, que incluye por supuesto lo político, hemos observado y examinado a infinidad de personajes desde la perspectiva de la naturaleza humana.

Entre ellos figuran los asesores y los aduladores.

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Los primeros, para que funcionen como tales, han de ser personas auténticamente preparadas, experimentadas, cultas y con un profundo sentido común. A los asesorados, por su parte, para que tengan verdadero éxito como gobernantes o altos funcionarios, no han de interesarles solo que les “endulcen” el oído como sucede muy a menudo en el ámbito burocrático. 

Al contrario, somos de la idea que deben ponderar mesuradamente lo que les expongan fundada y argumentativamente los verdaderos asesores, con el propósito de sufrir el menor daño posible después de tomar una decisión. Para lo cual, los asesores, además de poseer las características anteriores, deben dominar perfectamente el contexto interno y externo del asunto correspondiente y funcionar auténticamente como tales y no como aduladores.

Sobre estos últimos –los aduladores–, desde hace poco más de quinientos años Nicolás Maquiavelo escribió en su famosa obra clásica llamada El Príncipe, cuyo capítulo XXIII lo enuncia: “Cómo huir de los aduladores”. En ella, a pesar de tener poco más de cinco siglos, prácticamente todas sus reflexiones se encuentran vigentes, ya que la citada naturaleza humana continúa siendo la misma desde hace miles de años, muy a pesar de que hoy nos encontramos en la llamada Cuarta Revolución Industrial.

En el citado capítulo, Maquiavelo inicia con una especie de preámbulo que dice: “No quiero pasar por alto un asunto importante, y es la falta en que con facilidad caen los príncipes si no son muy prudentes o no saben elegir bien”. Para luego referirse a los aduladores; los cuales abundan en todas partes del mundo, en México, sus entidades federativas y, por supuesto, sus respectivos municipios.

Lo anterior es útil que se tenga presente en el sector público, para que los gobernantes no incurran en el autoengaño para gobernar un “principado”, ya sea un municipio, estado o nación. Tomando en cuenta que esta especie de personas –los aduladores– abundan por todas partes, y “porque los hombres se complacen de sus propias obras” –decía Maquiavelo–; de tal modo que se auto engañan;¡ y no atinan a defenderse de aquella calamidad, y cuando quieren hacerlo, “se exponen al peligro de hacerse despreciables”, nos dice el autor de referencia, tal y como sucede en este momento, puesto que los gobernantes prefieren a los aduladores o a los “amigos” o conocidos para formar su equipo de trabajo, en lugar de seleccionar a personas con criterio propio, conocimiento y dominio profundo de las cosas, y de todo el contexto que rodea lo público. Sobre todo, contar con mucha agudeza mental y el mencionado sentido común. Esos son los verdaderos asesores, no los aduladores que por lo general tienen un interés personal. Y por ello no asesoran de modo auténtico, sino que hunden a su asesorado y cavan su tumba solo por cuidar su cargo transitorio y circunstancial. Si no, al tiempo.

A cuáles preferiría usted, amable lector, si fuese gobernante, ¿a los asesores o a los aduladores?. Cuando sabemos que estos últimos constituyen una calamidad porque muchas veces recomiendan cosas que laceran y lastiman al pueblo con ciertas decisiones sin ponderar otras opciones técnicas menos agresivas, reactivas o impopulares. Aunque a algunos gobernantes solo les interesa sustraer recursos públicos y no les importa para nada lo técnico, tampoco lo limpio, mucho menos lo honrado. Por eso tienen “asesores” lambiscones, pero en realidad son aduladores.  

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