Opinión

De ortodoxos a heterodoxos, y viceversa

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador.(Foto: El Debate)

Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador. | Foto: El Debate

Hay muchos personajes de la política que cuando ostentan algún cargo de representación popular u ocupan alguna posición administrativa relevante, o bien, conquistan algún lugar privilegiado en el esquema de determinado grupo o partido político, observamos que por lo general su perfil y conducta política se torna demasiado conforme con la doctrina oficial. A esto suele calificárseles como ortodoxos, especialmente cuando pertenecen a una mayoría hegemónica.

En cambio, hay otra clase de individuos que son totalmente opuestos a la línea o doctrina oficial por el simple hecho de pertenecer a una minoría, quienes por lo regular se comportan como heterodoxos.

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Ah, pero cuando los ortodoxos son desplazados al constituir una minoría, entonces este nuevo segmento sufre una metamorfosis repentina, pues de repente se vuelven críticos a la nueva hegemonía institucional y, por consecuencia, a sus titulares; convirtiéndose así en heterodoxos. Es decir, se apartan de la línea o doctrina oficial nueva e, incluso, luchan ferozmente contra ella. 

Sin embargo, antes de esa mutación de roles, su comportamiento se manifestaba invariablemente sumiso. Por ejemplo, ante el lamentable caso de Giovanni López, joven albañil asesinado a golpes por policías municipales, supuestamente por no usar cubrebocas en la vía pública, hecho que ha desatado una guerra entre el Gobierno de Jalisco a cargo de Enrique Alfaro de Movimiento Ciudadano (MC), y el federal, encabezado por Andrés Manuel López Obrador de Morena, en cuya contienda han salido en defensa del primero —Enrique Alfaro—, el senador veracruzano opositor, Dante Delgado Rannauro —propietario de MC—, y en el caso del segundo —López Obrador—, salieron en defensa de este último los hoy morenistas, la diputada federal Dolores Padierna y el líder del Senado Ricardo Monreal. El primero —Dante Delgado—, cuando fue priista era ortodoxo, y ahora que pertenece a una minoría se convierte en heterodoxo. Mientras que Padierna, por pertenecer hoy a la mayoría aplastante de Morena, transmuta de heterodoxa a ortodoxa, al igual que Ricardo Monreal, quien en un tiempo fue ortodoxo cuando fue senador por el Partido Revolucionario Institucional, del que se salió por no ser favorecido en su momento por el dedo presidencial para ser candidato al gobierno de Zacatecas, y transmutó al Partido de la Revolución Democrática en los tiempos en que era dirigido por el hoy presidente López Obrador.

Y así podemos repasar infinidad de ejemplos de esa naturaleza. De tal manera que, entre ortodoxo y heterodoxo, hay una palabra que los motiva: el interés, como en muchas otras cosas en la vida y, con mayor razón, en un sistema político. Así es la naturaleza humana.

En suma, a ese tipo de personajes los podemos calificar como conversos. Aunque hay algunos —muy escasos por cierto— que son motivados por sus convicciones, ideales y anhelos que se mantienen críticos en todo momento. Es decir, que no son conversos, al no pasarse de heterodoxos a ortodoxos por ser genuinamente libres y objetivos. 

Usted, estimado lector, si lo desea, puede hacer un ejercicio para ubicar a los conversos. Esto es, a los que se convierten de ortodoxos a heterodoxos, y viceversa. Hay muchos casos en cada aldea local en el país. Sinaloa no es la excepción.

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