Opinión

Derecho a la salud, su acceso y los servicios en instituciones públicas

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

Muchos de los derechos humanos en México se traducen en simples proclamas constitucionales y discursivas porque no llegan a materializarse en la realidad, debido a que dependen de las condiciones socioeconómicas de cada persona para ejercerlos. Uno de ellos es el derecho a la salud. 

Constituye uno de los derechos más preciados del ser humano y al que todas las personas deben tener acceso, sin importar su situación o posición individual. Es decir, tengan o no alguna relación laboral o los recursos para cubrir el acceso a sus servicios. 

El artículo 4° constitucional lo establece en los siguientes términos: toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la federación y las entidades federativas en materia de salubridad general, conforme a lo que dispone la fracción XVI del artículo 73 de esta Constitución. 

Sin embargo, una de las bases para el acceso a los servicios de salud, por ejemplo, se encuentra contenida dentro de la Ley del Seguro Social, la cual ordena que se tienen que cubrir para su prestación las cuotas del régimen obligatorio, siempre que se tenga una relación laboral o exista la posibilidad de pagarlas voluntariamente.

He ahí una de las condiciones para acceder formalmente a dicho derecho humano. Pero en lo material se torna muy complicado o deficiente dicho acceso y servicio, aun estando afiliado a un régimen de seguridad social, ya sea al Instituto Mexicano del Seguridad (IMSS) o el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores al Servicio del Estado (Issste), o bien en cualquier otra institución pública de salud, y aun cuando se está afiliado al Seguro Popular, puesto que prácticamente en todas las instituciones públicas de salud son sumamente deficientes en México. Ello es así al menos aquí en Sinaloa. Lo hemos corroborado en investigaciones de campo. Así que no hablamos al tanteo ni tampoco teóricamente.

Por ejemplo, hemos observado que tanto en el IMSS, como en el Issste, hospitales generales, infantiles y de la mujer, sus servicios son de muy baja calidad, ineficientes e inhumanos, puesto que para ingresar a urgencias es un verdadero suplicio, ya que el paciente que acude a dichos servicios se le mantiene muchas horas y hasta días para ser atendido, y el familiar sufre esa circunstancia desesperante. Y cuando llega a ser atendido, por lo regular se le brinda un servicio de muy mala calidad, ineficiente e inhumano, pues en muchas ocasiones se les trata despóticamente por el personal administrativo, de enfermería y médico. A causa de ello, muchos de los pacientes fallecen. 

Si fueran tratados con eficiencia, prontitud y profesionalismo, no sucederían tantos decesos por esas causas, como lo vemos en los hechos.

Mientras son paupérrimamente atendidos en los hospitales, a sus familiares ni siquiera se les brinda una atención digna, ya que no hay espacios o salas para ellos. Por lo general, los encontramos en las afueras de los hospitales con claros signos de cansancio, agotamiento e incertidumbre.

Aparte de ello, los medicamentos son de muy baja calidad cuando los hay. Por si fuera poco ello, las intervenciones quirúrgicas que se les programan, se difieren por diversos motivos, principalmente porque se empalman sus programaciones o porque no sirve algún aparato vinculado a las mismas.

A ello no escapa ninguna institución pública de salud aquí en Sinaloa. Así que los titulares y directivos de las diversas instituciones en la materia tienen mucho que hacer para mejorar sustancialmente sus servicios.