Opinión

Facultad de nombramiento del próximo gobernador

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

Palacio de Gobierno de Sinaloa.(Debate)

Palacio de Gobierno de Sinaloa. | Debate

Designar un equipo de trabajo constituye una enorme responsabilidad. Esto se torna muy delicado para el ámbito gubernamental porque se trata de otorgar servicios públicos con eficiencia y de calidad y, además, implica cuidar el dinero de los contribuyentes. Lo ideal es que el nombramiento recaiga en personas capaces, aptas, genuinamente honradas y virtuosas, no solo a partir de criterios emanados de padrinazgos políticos, relaciones personales, grupos, filiaciones consanguíneas o hereditarias; incluso, en algunos casos a partir de presiones para custodiar intereses muy personales.

De esto ya está harta la sociedad en general, académicos, organismos y grupos empresariales, quienes exigen que los nombramientos sean por méritos propios, conocimiento profundo del área correspondiente, capacidad técnica, aptitudes y actitudes adecuadas; tal y como sucede por ejemplo en la iniciativa privada, especialmente en aquellas empresas que han crecido y desarrollado a base de esfuerzo, perseverancia, tenacidad, sacrificio, disciplina y creatividad de sus pioneros, cuyos sucesores ahora cuidan el esfuerzo y honor de los mismos. Claro, tomando en cuenta la naturaleza y características propias del ámbito público.

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La facultad de nombramiento surgida de la soberanía del pueblo, establecida en la Constitución y en las leyes, es muy sabia, puesto que otorga plena libertad en materia de designación de los servidores públicos. Además, ya es tiempo de que se oxigenen las estructuras gubernamentales con servidores públicos que posean perfiles especiales para cada área y sean considerados los talentos que hay en Sinaloa.

Se trata de que la cosa pública evolucione y no se estanque en añejas costumbres o prácticas perniciosas y dañinas.

Por fortuna, al gobernador electo Quirino Ordaz Coppel, en estos casi cuatro meses que le quedan para asumir el cargo, es un periodo más que suficiente para reflexionar profundamente acerca de este tema que nos ocupa.

Sabemos claramente que hay grupos de intereses tradicionales que presionan con una serie de listas que las arrojan y especulan para ver si pega alguna de las personas promovidas.

Ante ello consideramos que el próximo gobernador –quien sea electo– no debe inmutarse en modo alguno; incluso, sería bueno si realmente desea que las cosas mejoren sustancialmente, asignarle esta tarea a una empresa profesional y especializada en materia de gestión de recursos humanos para que le auxilie en este delicado desafío, aplicando métodos, técnicas o criterios profesionales. Aunque, finalmente, lo sabemos perfectamente, es quien constitucional y legalmente tiene de modo exclusivo la facultad de designación. Pero también la responsabilidad, y por lo mismo, es quien rendirá cuentas al pueblo que lo eligió.

En este contexto observamos, por fortuna, que hay muchos sinaloenses que no se dedican a la grilla, y por ello no se les menciona para nada, pero que son muy talentosos, preparados, honrados, mesurados y prudentes como para que el gobernador que resulte electo se dé el lujo de seleccionar holgada y tranquilamente a su equipo de colaboradores. Por lo que los próximos funcionarios no necesariamente deben provenir de amistades, relaciones personales, equipos de campaña, poderes fácticos o las cofradías tradicionales de poder. Tampoco de criterios hereditarios, porque a estas alturas de nuestra historia ya debe de ser superada la época medieval de los linajes y la nobleza rural o urbana de los viejos principados.

Hay que recordar, por ejemplo, que a los equipos de campaña y a sus coordinadores se les paga del financiamiento público. Del dinero del pueblo. Así que no están sacrificando de sus bolsillos. Además, la mayoría de estos no garantizan poseer las características arriba mencionadas como para ser seleccionados. Los conocemos muy bien. En muchas ocasiones estos se blindan cerrando puertas a los que sí saben. O en el mejor de los casos, juegan con estos últimos para que les formulen propuestas y luego entregárselas al gobernante electo, como si fuesen los autores intelectuales sin serlo, y sin dar crédito alguno a los que realmente las formulan. Algunos operadores de campaña son muy soberbios, prepotentes y corruptos. Y a otros les da por apropiarse de las instituciones. Al menos que el próximo gobernador se deje manejar como títere.

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