Opinión

Se confía en el corrupto, no en el honrado

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

En los tiempos de una corrupción generalizada en el ámbito público que nos tocó vivir, a partir del régimen de Luis Echeverría Álvarez, observábamos con asombro, el hecho de que en todos los niveles de la administración pública se presentaba ese fenómeno, desde un modesto office boy o auxiliar de oficina hasta un encumbrado funcionario.

Lo grave del caso es que en ese tiempo se premiaba con ascensos a los que tenían habilidades para sustraer recursos económicos –a los bandidos, pues–; mientras que a los servidores públicos honrados, en el mejor de los casos se les marginaba, y en los peores se les despedía, porque desconfiaban de ellos. Es decir, los corruptos eran de confianza, mientras que los honestos de desconfianza. Así eran en la práctica los roles que se jugaban en el servicio público. Aunque todavía  existen prácticas similares a las de ese pasado político tan corrupto.

¡Ya estás suscrito a las alertas de noticias!

Ahora puedes configurar las notificaciones desde la campana

Eso también lo observamos en el gobierno de José López Portillo, cuyos principales hechos vergonzosos fueron los de Jorge Díaz Serrano y Arturo Durazo Moreno. En el caso del primero con la adquisición fraudulenta de unos buques petroleros, mientras que el segundo fue un policía de lo más corrupto que haya existido en nuestro país, quien mandó construir dos costosísimas mansiones ubicadas en el Ajusco, al sur de la Ciudad de México, y otra más  ubicada en la bahía de Zihuatanejo, en el estado de Guerrero, conocida como El Partenón. Otra más construyó el propio José López Portillo, en un terreno de 122 000 m2², obsequiado por su amigo, el profesor rural Carlos Hank González –a quien por cierto se le atribuye la frase: “político pobre, pobre político”–, cuya finca se le conoció vulgarmente como la Colina del Perro, por aquello de que dicho presidente defendería el peso como perro, ante la enorme fuga de capitales que propició una enorme devaluación de nuestra moneda, y que culminó con la nacionalización de la banca y un desastre económico. 

Por su parte, en el periodo de Miguel de la Madrid, a pesar de que en el mismo se ‘cacaraqueó’ mucho la famosa “renovación moral de la sociedad”, pero en realidad nunca llegó esta, o no fue posible que se concretara, a excepción del encarcelamiento de Jorge Díaz Serrano, quien por cierto tenía una cancha de tenis en la cárcel para practicar dicho deporte.

En donde fue muy escandalosa la corrupción, aunque soterrada, fue en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, a cuyo hermano Raúl se le acusó de ser el responsable intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. También se le acusó de enriquecimiento ilícito por una cantidad estimada en 14.6 millones de dólares, proveniente de una partida secreta de la presidencia bajo el régimen del propio Carlos Salinas. 

Y así podemos ir dando cuenta de muchísimos casos emblemáticos de corrupción sexenio tras sexenio. Solo esperamos  que el actual sexenio no resulte ser un fiasco, a pesar de que la principal bandera del presidente Andrés Manuel López Obrador, es la lucha anticorrupción. Aunque conocemos de algunos presidentes municipales corruptos que se colaron en la 4T aquí en Sinaloa, que hasta seleccionaron en ciertos casos a los titulares de los órganos internos de control, así como a las tesorerías y los administradores para robar a sus anchas. En ellos sí confían estos, en los honestos no. Ah, pero ciertos munícipes corruptos tienen sirvientes que los promueven como cosa buena en algunos medios pagados. Lo hacen solo para aparentar una imagen que no concuerda con la realidad. Ahí está un tema, presidente López Obrador, para que ordene una investigación si realmente va en serio contra la corrupción.

No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y entérate de todo