Opinión

Ser honrado en el ámbito público cuesta

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

En el ámbito público de Sinaloa es muy común que se desconfíe de las personas honestas, al menos que sea honrado quien tiene el mando o poder político, lo cual en la práctica resulta ser verdaderamente excepcional. Así lo hemos observado durante mucho tiempo. Las cosas continúan igual o peor, muy a pesar de las leyes anticorrupción, las instituciones creadas exprofeso para combatirla, el arribo de lo que llaman la 4T, así como las leyes que regulan el servicio civil de carrera. 

El problema de la corrupción tiene hondas raíces, a tal grado que posee un arraigo de índole cultural, la cual no distingue credos ni ideologías partidarias, tampoco posiciones socioeconómicas. De tal manera que esta se halla en todos los segmentos sociales, pues a ella no escapan políticos, empresarios y algunos gobernantes.

Cuando algunos políticos logran el poder público, ubican a sus más allegados en los puestos claves donde se manejan los recursos financieros, que les garanticen “lealtad” en la administración discrecional de los mismos, y no una operación escrupulosamente ética de ellos, y también que les permita maniobrar el presupuesto para sus propósitos e intereses personales.

Por lo regular en esos equipos no entran personas honestas, aun cuando sean técnicos especialistas en dichas áreas, puesto que en la praxis política no es una cualidad que se tome en cuenta por aquellos gobernantes sin escrúpulos y sin ética alguna. De donde se explica que veamos frecuentemente una selección de funcionarios totalmente fuera del perfil para el cual fueron designados, y además, se observa que estos no tienen una reputación de ser honrados, pues vemos a menudo a algunos que de repente se mudan a grandes residencias situadas en fraccionamientos exclusivos y también con automóviles de lujo que, con sus ingresos formales, no les alcanzaría para ello.

Mientras que a los expertos y honrados se les discrimina y se les coloca en el ostracismo. Aunque también hay que decirlo, cuando contratan o nombran a estos los ubican en un mediano o ínfimo nivel burocrático, no obstante de ser los que verdaderamente realizan la labor técnica o sustantiva de una dependencia, pero que no tienen “agarraderas” llamados padrinos, ya sea de un amigo o del propio gobernante en turno, o también, por qué no decirlo, que sea recomendado por algún familiar de él o de alguien que lo fue y le debe parte de su carrera administrativa o política. Por ahí están algunos hijos, yernos, sobrinos o ahijados de ciertos personajes conocidos. Así que usted ubíquelos, amable lector.

De ahí la necesidad de desterrar esos vicios tan añejos que han causado tanto daño o desastre en detrimento de la eficiencia y del erario público y, en consecuencia, de la ciudadanía que con sus contribuciones sostiene a las instituciones y a ese tipo de zánganos apadrinados o del afecto del “chaca” en turno, que se visten con piel de oveja cuando andan en campaña electoral en la que ofrecen limpiar de corrupción la administración pública, pero ya en el poder cometen todo tipo de actos irregulares y, al final, como lo hemos visto en muchos casos, no les aplican las sanciones a que se hacen acreedores. Todo se lo dejan al tiempo para que se olvide. Sin embargo, los registros de sus compromisos quedan en la memoria de la gente, la prensa y las redes sociales.