Opinión

Teoría de la imprevisión frente a la COVID-19

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

Tarjetas de crédito.(Foto: El Debate)

Tarjetas de crédito. | Foto: El Debate

Ya hemos dicho anteriormente que la teoría de la imprevisión es un tema jurídico muy técnico de aplicación práctica y sumamente útil en las relaciones contractuales.

También hemos señalado que dicha institución jurídica sirve tanto a empresas como a clientes, y que su regulación atañe al órgano Legislativo. La solución de controversias derivadas de dichas relaciones compete al órgano de impartición de justicia. De tal suerte que dicha teoría concierne a todos. Puede echarse mano de ella en determinadas circunstancias. A ella se le conoce en latín como cláusula rebus sic stantibus, que en castellano quiere decir “estando así las cosas”.

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Tal teoría es de data muy antigua, pues se aplicó en la Edad Media. Siglos después, vemos que ella figura en el Código Napoleónico al prevenirla en los artículos 1134 y 1135, cuyo contenido fue tomado en la redacción original del artículo 1796 del Código Civil para el Distrito Federal (hoy Ciudad de México) de 1928.

Posteriormente, el año 2010, la entonces Asamblea Legislativa del DF reformó dicho precepto y adicionó los artículos 1796 Bis y 1796 Ter, con el propósito de perfeccionar su contenido y alcances. De tal manera que la teoría de la imprevisión hoy no es solo tal, sino norma jurídica vigente en la Ciudad de México.

Es sumamente útil y práctica que, de llegar a ser retomada por el legislador sinaloense, sería un avance importantísimo para dar mayor certeza jurídica a las partes contratantes en Sinaloa, cuestión que sería bueno que el Congreso del Estado analice e incorpore dicho instituto jurídico en el Código Civil de nuestra entidad, y la plantee, además, como órgano facultado que es ante el Congreso de la Unión como iniciativa de reforma al Código de Comercio, con fundamento en la fracción III, del artículo 71 de la Constitución Federal.

Señalado lo anterior, en palabras sencillas, tal teoría significa que, si las circunstancias de hecho bajo las cuales se suscribió un contrato llegasen a cambiar de manera significativa que afecte a las partes, es necesario que esté contemplada dicha situación en las cláusulas contractuales, a partir de lo dispuesto en la ley de manera obligatoria, y así se pueda reclamar su revisión. 

Para ello sería bueno que tanto el Congreso de la Unión como el Congreso del Estado la retomaran en estos tiempos de pandemia, por ser, en la práctica, una teoría benéfica tanto para empresas como para ciudadanos-clientes de instituciones crediticias. 

Por ejemplo, en el contexto de la COVID-19 –que se tradujo en una pandemia–, en virtud de la cual se paralizaron la inmensa mayoría de las actividades económicas en todo el país, y como consecuencia de ello los movimientos empresariales; fenómeno que dio como resultado la falta de ingresos y originó un enorme desempleo, y ello a su vez, una situación de impago. 

Muchas de esas empresas y trabajadores tienen contratos crediticios suscritos desde antes de la pandemia, los cuales se realizaron bajo circunstancias de solvencia económica que, ahora con ese fenómeno, se generó precisamente una situación financiera de impago, evento en la cual –si estuviese suficientemente legislada dicha institución en todo el país– entraría a operar la citada teoría de la imprevisión.

Para ello se requiere que esté determinada de manera precisa en las cláusulas contractuales, pero a partir de la ley, con carácter forzoso a favor de los acreditados o clientes. 

Aunque hay que decirlo, en ciertos contratos ya se encuentra contemplada dicha imprevisión, pero de manera muy limitada, pues solo se otorgan tres meses de gracia para pagar en caso de desempleo. 

Ahí está una propuesta concreta para que se examine por dichos órganos Legislativos, máxime que los contratos de adhesión son muy leoninos, y estos solo operan a favor de la oligarquía, a pesar de encontrarnos en la 4T. Tomen nota legisladores, hay muchos temas en que ocuparse, y por favor concéntrense en su actual responsabilidad, en lugar de promoverse para otro cargo de elección popular. Ya quisiéramos que cumplieran a cabalidad con el que hoy ostentan. 

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