Opinión

Políticos presos de la soberbia

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por Saúl Lara Espinoza

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A lo largo de nuestra vida académica en el mundo y aquí en México, hemos conocido a muchos intelectuales y científicos genuinos en diversas disciplinas, y hasta ahora no he visto a ninguno que sea soberbio.

En cambio, en el ámbito político parece ser que buena cantidad perteneciente a esa especie, sea el prototipo de conducta y personalidad.

Aunque algunos aparentan ser muy simpáticos o carismáticos con la gente, pero únicamente lo fingen cual expertos histriónicos; sobre todo cuando andan en campaña política o ya en el poder sonríen solo para la fotografía al estar rodeados por algún grupo de deportistas, niños, viejitos o discapacitados, entregando alguna obra o ayuda económica; ello lo hacen únicamente para dar la apariencia de que son muy humanistas, simpáticos o benefactores.


Cuando nos adentramos a examinar las características reales de su personalidad, nos percatamos fácilmente, entre otras muchísimas cosas, de que son sumamente soberbios.


Hay algunos políticos también que pretenden dar la imagen de intelectuales o académicos, aunque no lo sean de verdad a la luz del rigor epistemológico, en quienes observamos que son unos soberbios y engreídos con rostro de roca.


Conviene precisar que la soberbia es un rasgo de la personalidad típica de alguien narcisista, egocéntrico y orgulloso. Aunque paradójicamente, la soberbia puede esconder un profundo significado psicológico relacionado con el miedo y la inseguridad. De tal manera que ese tipo de personas viven presos de sí mismos, pero no se dan cuenta de ello.


Por lo general, los soberbios afectan el bienestar emocional de su círculo social y, cuando son políticos, se hacen indeseables para el pueblo.


Si usted, estimable lector, conoce a algún político con esas características de personalidad, no le crea sus promesas, porque por lo regular es una persona mentirosa, hipócrita o falsa, además de altanero por su carácter soberbio.


A este tipo de personas las encontramos en todo el mundo, y por supuesto en este país y en el Sinaloa nuestro. Por lo común tienen una actitud arrogante, pero en el fondo son inseguros y tienen baja autoestima, aunque su manera de ser es mostrarse seguro con su desplante soberbio.


Casi siempre las personas soberbias son muy orgullosas, a quienes por lo regular poseen un trastorno de personalidad narcisista, y se caracterizan por tener una conducta egoísta, vanidosa y escasamente empática, por ser arrogantes y con frecuencia iracundos.


Creen tener siempre la razón y no admiten cometer errores. Solo hablan de sus logros, aunque otros les hagan la tarea. Ah, por si fuera poco, lo dicho hasta aquí; también se sabe que los soberbios necesitan y piden halagos de manera recurrente a sus subordinados, aunque no lo hagan de manera expresa, pero sí implícitamente, porque creen tener siempre la razón, reiteramos.


De ahí que, los políticos con esas características de personalidad, por lo regular se rodean de aduladores –de los que habla Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe–, quienes son igualmente despreciables que los soberbios. Pero cuando no son aduladores o arrastrados, lo recomendable es que se retiren de un circulo comandado por un político soberbio; o bien, cultivar la paciencia, la prudencia y la resiliencia, pero jamás caer en su juego narcisista y perverso.


Sabemos que un individuo con las patologías psicológicas aquí mencionadas y otras, vive preso de sí mismo, razón por la cual no experimenta el gozo de la libertad, a la que se refirió en sus diálogos el ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, cuando dijo; “…La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres…”, tal y como sucede con la soberbia en algunos políticos, porque con ella se halla en una especie de prisión.

Aunque esa maldición patológica la sufren en otros ámbitos, no solo la padecen algunos dentro del medio político, sino también en el social y económico.


Lo recomendable en ese tipo de casos, es que acudan con un experto en salud mental, no sin antes empezar por reconocer su problema con humildad. Situación muy difícil por su propia naturaleza. 

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