Opinión

Se cansan

BAJO LA LUPA

Por: Arturo Brizio Carter

Cuando don Jorge de Valdés, padre del "gigante de la información", mi queridísimo amigo Toño de Valdés, se enteraba de que algún personaje de la política, el periodismo, la cultura o el deporte había cometido actos que ponían en entredicho su reputación e incluso, su carrera, solía decir: "No cabe duda que hay gente que se cansa de estar bien".

Esto toma actualidad cuando conocemos el criterio de una jueza en Sudáfrica en que exonera a Óscar Pistorius, el primer atleta paralímpico en competir en Juegos Olímpicos de la especialidad, de haber matado a su novia con premeditación.

Este hombre que desafió todos los retos imaginables, que aun amputado de ambas piernas cuando era pequeño, con prótesis de titanium sorprendió al mundo al dar los registros necesarios para asistir a la justa veraniega pero no en la modalidad de deportista con capacidades especiales sino ganando en la corte su derecho a competir contra atletas "normales", aquel que se convirtió en el adalid de los retos, el orgullo de Sudáfrica, en un momento de ofuscación, privó de la vida a su prometida, metiéndole cuatro balazos cuando ella se había, por miedo, encerrado en el baño de la casa del corredor.

No cabe duda que la ley, en cualquier lugar del planeta, se tuerce cuando hay intereses de por medio, dando por resultado corrupción y a su hija consentida: la impunidad.

Pistorius, en un mundo normal, sería presa de la más alta condena que pudiera alcanzar, así como del repudio social generalizado. En cambio, quizá por su naturaleza física especial o por ser un ídolo deportivo, se le confiere un trato preferencial, en un asunto tan delicado como privar de la vida a una víctima inocente, que no representaba ninguna amenaza para él y que se encontraba inerme, a la merced de este desquiciado.

A este caso se suma el de de Ray Rice, jugador de futbol americano acusado de violencia intrafamiliar. El angelito agredió dentro de un elevador a su, en aquel entonces novia, propinándole un descontón que hubiera firmado el mismísimo Julio César Chávez y luego la arrastró fuera para ser atendida.

La novia, al grito de pégame porque me quieres, lo perdonó y él, en recompensa, se casó con ella y todos felices. Nada más que la presencia de ese video motivó que la liga lo suspendiera indefinidamente, los Cuervos de Baltimore lo cortaran de su roster y su carrera penda de un hilo, seguramente orillándole al retiro.

En nuestro país, un par de jóvenes féminas se van de fiesta con varios seleccionados nacionales, obteniendo material fotográfico comprometedor. Persiguen lucro vendiéndoles las fotos, lo que se equipara al delito de extorsión y son capturadas en flagrancia y remitidas a un reclusorio. Quién pagó por ello fue Oribe Peralta, que ni en la foto salió. No cabe duda, hay gente que se cansa de estar bien.