Opinión

Se termina la democracia

IDEAS PARA EL CAMBIO

Por  Aarón Sánchez

“Nada dura eternamente. La democracia tenía que pasar a la historia algún día. ¿Cuánto más podemos persistir con elementos institucionales que ya han dejado de funcionar? Elecciones, parlamentos democráticos, poder judicial independiente y prensa libre, ya no cumplen la función que deberían cumplir. La democracia comienza a dar señales de desquiciamiento”.

Estas son algunas ideas que el politólogo inglés David Runciman expone en su más reciente libro titulado Así termina la democracia. Si lo aplicamos a la nueva realidad que vive México se puede concluir que, efectivamente, vivimos en una sociedad democrática. Pero la democracia en muy poco contribuye al desarrollo de la sociedad.

Por ejemplo, México es un país con elecciones libres. Pero los procesos electorales solo sirven para quitar a un Gobierno y poner a otro. Los cambios que se llevan a cabo son decididos por un presidente de la República muy poderoso, o por una mayoría legislativa que no representa a nadie, ni consulta a la población el sentido de sus decisiones.

Entonces, las mayorías surgidas de procesos electorales muy democráticos tienen un interés que, paradójicamente, no corresponde al interés de la sociedad que dice representar. Las elecciones ya no son suficientes para definir lo que hay qué hacer desde el Gobierno o desde las Cámaras legislativas. Tener un parlamento democrático no garantiza decisiones para bien de la población.

Otra institución garante de una vida democrática son los partidos políticos. Pero estos, igualmente, en muy poco contribuyen al progreso de la sociedad. En el mejor de los casos los partidos son solo maquinarias electorales sin capacidad para generar propuestas de gobierno y convencer con ellas a los electores. Los partidos no cumplen su función democrática.

En la misma situación están diversas instituciones creadas como resultado de una buena evolución política de la sociedad, pero han demostrado que no cumplen la función para la que fueron creadas. Ejemplo de ello son las fiscalías autónomas, las comisiones de derechos humanos, los organismos de acceso a la información, los institutos de jóvenes y de mujeres, y muchos otros.

La libertad de prensa y la proliferación de redes sociales, que son características de toda sociedad democrática, tampoco presentan una contribución significativa para lograr un sistema económico más dinámico y justo, y una sociedad más incluyente y equitativa. Runciman se pregunta, ¿por qué seguimos confiando en instituciones públicas y políticas que ya han dejado de funcionar?

La realidad es que los electores están descontentos con los representantes que ellos mismo eligieron. Tienen desconfianza en las instituciones que son dirigidas por quienes eligieron con su voto. Sin duda, la democracia ha prestado un gran servicio a la sociedad, pero ahora está pasando por una etapa difícil. Hoy necesitamos otro marco de referencia, afirma Runciman.