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Opinión

Segundo Mandamiento: ¿Sabemos santiguarnos?

Por: José Martínez Colín

Para saber. Cuando nos referimos a una persona lo hacemos por su nombre: “Pedro es un buen futbolista”. Si lo honramos, será por su nombre: “Pedro es muy trabajador y honrado”. Decir el nombre es referirse a toda la persona. Por ello, al nombre de Dios le debemos todo el respeto.

Para pensar. Si una persona lleva una relación sincera con Dios, gana en credibilidad y Dios puede obrar en él. El Papa Francisco señala que los santos son capaces de mover los corazones porque en ellos vemos lo que deseamos: autenticidad. Se cuenta que hace años en Inglaterra vivía Peter, un señor protestante, quien solía discutir amistosamente de religión con John, su amigo católico. Pero John se impacientaba al ver que no le convencían sus razones. Sucedió que la Madre Teresa de Calcuta dio una conferencia en su ciudad y Peter fue a escucharla. Después, Peter le dijo a John con alegría que estaba decidido para ingresar a la Iglesia Católica, pues lo convenció la Madre Teresa y le contó lo que había escuchado. John, sorprendido, le dijo: “Pero Peter, todo eso ya te lo había dicho...” A lo que Peter le contestó: “Sí, ¡pero ahora lo dijo la Madre Teresa!”. Pensemos si nuestras palabras van acompañadas con la fuerza de nuestra vida.

Para vivir. Este segundo Mandamiento nos recuerda que estamos bautizados «en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo», como afirmamos cuando hacemos la señal de la cruz, para vivir nuestras acciones en unión con Dios, en su amor. El papa Francisco invitó a los padres para que enseñen a los niños a hacer la señal de la cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque luego sucede que no saben. Aprenderán si nosotros también la hacemos.