Opinión

Segundo debate presidencial

Por: Aarón Sánchez

En medio de campañas anodinas y sin mucho contenido, el próximo domingo se llevará a cabo en Tijuana el segundo debate presidencial. De nuevo se crean múltiples expectativas, aunque quizá no tantas como en el primer debate. Pero en esta ocasión sí habrá mayores repercusiones políticas y electorales. Este nuevo encuentro entre candidatos abrirá una nueva y decisiva etapa en sus campañas.

Todo debate electoral es un extraordinario acto de comunicación política, y aumenta la emoción de las campañas electorales. También es un espectáculo para los medios de comunicación. Los candidatos están obligados a ser mejores, desarrollan habilidades de argumentación y fortalecen su liderazgo político. Pero cualquier error resulta fatal.

Pero en esta ocasión, el segundo debate presidencial tendrá especial trascendencia. En primer término mostrará el fracaso de las candidaturas independientes. Se pondrá en evidencia que tanto Margarita Zavala como Jaime “Bronco” Rodríguez ya no tienen nada que hacer en la contienda electoral. Tendrán que declinar a favor de alguno de los contendientes.

Un segundo resultado del debate es que dejará claro que la lucha por la Presidencia será únicamente entre dos candidatos, ya no entre tres. Uno quedará definitivamente rezagado. Este debate será intenso en ataques. Dependiendo del tipo de confrontación, Ricardo Anaya o José Antonio Meade, uno de los dos, cargará con una candidatura testimonial.

Se propiciará, entonces, un nuevo realineamiento de todas las fuerzas políticas y grupos de interés. Ocurrirá un efecto similar al que ocurre en una segunda vuelta electoral. Será como empezar de nuevo, pero solo con dos protagonistas en disputa. Ambos candidatos experimentarán el llamado “efecto cargada”, o bandwagon. Quien acumule más alianzas se perfilará como ganador.

Por todo lo anterior, será determinante el desempeño que cada candidato presidencial tenga durante el debate. Andrés Manuel López Obrador tiene amplia ventaja en la intención de voto. Su creciente crítica a la reforma educativa le hace ganar más adeptos. Sin embargo, deberá estar a la defensiva y seguramente pondrá nuevos temas en la discusión política.

José Antonio Meade está ante su última oportunidad. Tendrá que ser más atrevido y preciso en sus propuestas. Necesita mostrar mayor sensibilidad política y olvidar un poco su constante interés por preservar la estabilidad macroeconómica y cuidar el déficit fiscal. Tiene que asumir que está en medio de una campaña electoral y no en un despacho de gobierno.

Ricardo Anaya, también ante una excelente oportunidad, tiene muchas cualidades para el debate, pero deberá mostrar mayor capacidad de convencimiento. En el anterior encuentro resultó ganador, pero ha disminuido su presencia mediática. Deberá recuperar el tiempo y el terreno perdido. Hoy puede dar la puntilla final a Meade y crecer para tratar de alcanzar a López Obrador.