Opinión

Seguridad Pública en México (parte 2 de 3)

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por: Saúl Lara Espinoza

Llegó el día acordado para celebrarse la reunión –6 de marzo de 2009–, y con el propósito de hacerla ejecutiva, le solicité vía telefónica al coordinador del grupo de asesores del secretario de seguridad pública federal, que por favor tuviesen preparado un cañón para hacerles la presentación de ambas propuestas (el proyecto de reformas y adiciones a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la propuesta de programa integral de seguridad pública).

Finalmente llegué a la entrada principal de lo que fue la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno federal por allá en constituyentes, observé que a la entrada había más filtros que para destilar aguas residuales. Aquello era exagerado. Se trataban de filtros de seguridad. Sólo faltaba un aparato para realizar una tomografía con resonancia magnética. Al ver aquello tan exagerado, me dije por dentro, aquí el miedo no anda en burro, así tendrán la conciencia todos los que trabajan aquí.

Pero por fortuna ya estaba un funcionario esperando a que me anunciara, quien amablemente se presentó y dio instrucciones inmediatas para que me dejaran pasar, no sin antes tomarme rápidamente una fotografía y la hulla digital para mi gafete, el que no duraron en dármelo ni treinta segundos; a lo cual también me dije por dentro, así debería de ser el trato para todos por igual, incluidas las personas que detienen en la calle de manera abusiva y arbitraria estos policías.

Después de ello, el citado funcionario me condujo a la sala donde sería la reunión y presentación de ambos trabajos. Me pasaron de inmediato a dicho lugar como si el suscrito fuese un alto comisionado de las Naciones Unidas, totalmente distinto al trato que los funcionarios otorgan aquí en Sinaloa, que ni siquiera se dignan en recibir a las personas con amplia trayectoria, ya se imaginarán como tratan a los humildes que les solicitan audiencia. Eso sí, cuando andan en campaña, parecen ser unos caballeros o unas damas. Ni modo, así es la naturaleza humana y la política rural que se practica por estos terruños. Así son los bárbaros del norte, como solía decir el presidente Adolfo López Mateos.

Después de ese largo paréntesis, vayamos ahora a lo esencial. Pues bien, hecho el saludo y presentación protocolaria con los que ya me estaban esperando en dicha sala de reuniones, y de hacer la presentación ejecutiva de ambos documentos, hubo una lluvia de preguntas muy lógicas y naturales. Aunque nada sobresaliente.

Agrupé rápida y mentalmente el conjunto de preguntas, a cuyos interesados les respondí de manera inmediata y muy sucinta. Después de mi intervención, hizo uso de la voz el coordinador del grupo de asesores; quien enseguida de sus pertinentes comentarios y un par de preguntas, me consultó que si podía reunirme de nuevo con ellos para dar continuidad a mis dos propuestas, y profundizar sobre su contenido, para luego pasar a la etapa de las negociaciones profesionales con el suscrito; y luego de checar las agendas de ambos, nos pusimos de acuerdo rápidamente para ello. Aunque esto último es otro tema que nos desviaría de lo sustantivo que dio origen a esta serie de tres: la gendarmería. De ella me ocuparé en la tercera y última parte.

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