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Opinión

Seguridad: un experimento policial

Por: Jorge Fernández Menéndez

Seguridad: un experimento policial

Seguridad: un experimento policial

El secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida no es, de ninguna forma, un improvisado en temas de seguridad: hizo carrera en la PGR, donde fue un influyente subprocurador y fue también procurador en el Estado de México. No debería sorprender a nadie entonces que, a poco de haber llegado a la oficina de Bucareli, haya ordenado un operativo como el que se está llevando a cabo en zonas de Guerrero, Colima, Baja California, Nuevo León y Quintana Roo. 

Son cinco mil policías y miembros de la Agencia Federal de Investigación (la Policía Ministerial de la PGR) que están desde lunes operando en esos estados, incluyendo los principales centros turísticos, con una característica prácticamente inédita: no participan del operativo en sí fuerzas militares: es un operativo de la Policía Federal acompañada de la AIC que tiene como objetivo no sólo recuperar la seguridad sino también acabar con la impunidad, en otras palabras, evitar que los crímenes queden sin castigo que es lo que termina catalizándolos.

Tampoco se prescinde de las fuerzas militares. Estas continúan sus operativos donde están desplegadas y colaboran con las fuerzas policiales locales y federales, pero lo que se está haciendo es una suerte de prueba de fuerza de las policías para, de acuerdo con lo que establece la propia ley de seguridad interior, comenzar a tratar de no depender tanto de soldados y marinos de las tareas de seguridad, presionando para que las autoridades civiles asuman progresivamente esas tareas y la participación militar se dé en momentos y ocasiones concretas y bajo pedido de la autoridad civil.

Es verdad que prácticamente no ha habido los homicidios dolosos en las zonas donde se instalaron los operativos policiales. Pero, como también dijo Navarrete, eso no significa “un resultado final, porque no lo es”. 

Va a haber asesinatos, y también violencia pero lo importante son dos cosas: por una parte que puedan disminuir los índices y, por la otra, que se pongan a prueba las instituciones civiles de seguridad. No es verdad, como algunos concluyeron, que se trataba de separar al ejército y la marina de las áreas de seguridad, de las labores que desempeñan en buena parte del territorio nacional. Pero sí se trata de ver hasta qué punto las fuerzas policiales pueden dar resultados por sí mismas. No es algo que no se haya probado antes: en el pasado hubo avances muy importantes, por ejemplo, en Nuevo León y en Chihuahua que han sido dilapidados por las administraciones estales entrantes. Una de las reflexiones que ello deja, y que debe servir para orientar el actual operativo, es que crear una fuerza de seguridad civil toma años y enormes esfuerzos pero que destruirlas toma sólo unas pocas semanas, sobre todo cuando estamos hablando de institucions jóvenes y en construcción.

Hacer un balance de cómo han funcionado estos operativos cuando no llevan ni una semana de implementados es apresurado, pero es una prueba, un ensayo que permitirá saber, también, como estamos en ese ámbito vital para recuperar la seguridad pública que es el el contar con policías calificadas y confiables y que los delitos que se cometan no queden impunes.

LOS SENSORES SÍSMICOS
Resulta inaudito que después de las tragedias que vivimos los pasados 7 y 19 de septiembre, haya quien deje de pagar los sensores de la alarma antisísmica. Eso ha sucedido, por ejemplo en Oaxaca, con el resultado como ya advirtió el propio jefe de Gobierno, Miguel Mancera, de que las alarmas antisísmicas en la Ciudad de México sonarán con mucho menos tiempo de reacción. 
En realidad eso dejará desprotegidos, más que a los capitalinos, a los propios oaxaqueños. Si aquí tendremos menos tiempo de reacción, allá no tendrán ninguno. El gobierno de Alejandro Murat dijo primero que desde el sexenio pasado en el estado, se dejaron de pagar las cuents de las alarmas antisísmicas. Puede ser, pero hace ya más de un año que Murat es gobernador, es insostenible que se diga que un mecanismo estratégico de protección civil no funcione porque existían adeudos anteriores. Tanto que el propio gobernador tuvo que desdecirse de los dichos de su gobierno y asegurar de última hora que el bloqueo de las señales de alarma se debió a un “fallo técnico” no a que el gobierno estatal no paga por ese servicio. El problema es que hace semanas que ese “fallo técnico” subsiste.

PURITANISMO
En buena medida tienen razón las artistas e intelectuales francesas que advierten sobre una ola de puritanismo derivada de las denuncias sobre acoso sexual surguidas en Estados Unidos y concentradas en movimiento como el Me too. 

Claro que el acoso es indefendible y que debe ser combatido y denunciado, pero se están cometiendo excesos de todo tipo y se llega al límite de cuestionar obras de arte como Lolita, se quiere retirar cuadros como Thérèse Dreaming, de Balthus (expuesto en el Met y pintado en 1938) o se ensañan con directores como Roman Polansky o Woody Allen con acusaciones desestimadas en su época, hace más de 20 o 30 años, y ahora resucitadas. Una cosa en Henry Weinstein y otra Nobovok. Una cosa es un acosador en serie y otra una obra de arte. Un poco más de sentido común.