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Semáforos rojos en Los Pinos

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Totalmente desapercibido pasó un cónclave fundamental para el proceso electoral de 2015 el martes pasado en Toluca, en la casa de gobierno del Estado de México. El encuentro, convocado de emergencia, juntó a los gobernadores priistas en una reunión de trabajo con los secretarios de Gobernación y de Hacienda, el jefe de la Oficina de la Presidencia y el líder nacional del PRI. Hacia las siete de la noche llegó el presidente Enrique Peña Nieto, procedente de Jalisco, pero encontró una audiencia seria y llena de papeles en la mesa, secuela de horas de discusiones con los secretarios.

La reunión fue promovida por el gobernador de Aguascalientes, Carlos Lozano, que como presidente de la Confederación Nacional de Gobernadores, le dijo al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que sería conveniente que los mandatarios priistas tuvieran una reunión con el presidente Peña Nieto, porque había mucha molestia con las políticas del gobierno. Osorio Chong lo consultó con el presidente, quien dispuso que fuera en la capital de su estado.

Los gobernadores priistas llevan meses de inconformidad con las políticas dictadas por la Presidencia y ejecutadas por el secretario de Gobernación. La molestia se socializó tras el reciente relevo de delegados federales. En este mismo espacio se publicó el 12 de mayo pasado que Osorio Chong reclamó a varios grupos de delegados que la razón de la caída de la aprobación presidencial era culpa de ellos porque su mensaje no era transmitido en el país. Les exigió que dejaran de hablar lo que hacen los gobernadores y se dedicaran únicamente a hablar de lo que hace Presidente. En esa ocasión, los desafió: "Si quieren acusarme con sus gobernadores, vayan a decírselo".

Esa molestia ha crecido por dos factores adicionales donde sienten que los castigan a ellos y benefician a los gobernadores de la oposición. Uno es la economía. Funcionarios cercanos a gobernadores han venido reflejando la contrariedad de los priistas por la forma como la Secretaría de Hacienda les ha apretado el gasto mientras que a sus colegas de oposición los tratan, piensan, con condescendencia presupuestal. Inclusive, uno de ellos refiere una plática con el gobernador de Baja California, Francisco "Kiko" Vega, cuando a una pregunta de cómo le iba con el presupuesto respondió que muy bien. "Claro –le dijo su interlocutor priista–, es que eres del PAN".

Los gobernadores ven también que por razones políticas hay preferencia sobre dos gobernantes. Uno es Rafael Moreno Valle, de Puebla, a quien consideran muy hábil por haber negociado con el gobierno asumiéndose como el gobernador panista más eficiente en términos electorales. El otro al que refieren constantemente es Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal, del que sugieren que ha sido objeto de una eficiente estrategia para eliminar en la capital federal la voz crítica que mantuvo la izquierda desde 1997. El sentir de los mandatarios priistas, de acuerdo con funcionarios cercanos a ellos, es que se han dado demasiadas concesiones a la oposición, y el trato con los priistas ha sido "con el pie permanentemente en el cuello".

La reacción de Osorio Chong a la propuesta de Lozano fue inmediata. En el cónclave, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, les dio el calendario estimado para la aprobación de las reformas, pero según la reconstrucción del encuentro, no hubo respuestas directas a las quejas de los gobernadores. La mayoría de ellos optó por el silencio para evitar represalias. A un año de las elecciones que ayudarán a definir el rumbo para 2018, el clima no está bien dentro del PRI. Va a estar en juego el Congreso, seis gubernaturas y habrá elecciones locales en nueve entidades, incluidos el Estado de México y el Distrito Federal, nidos de votos para la oposición. En total, más de dos mil 100 puestos de elección popular.

Varios mandatarios están convencidos que tendrán que trabajar mucho para entregar buenos resultados y compensar el mal comportamiento de la economía y las crecientes presiones sociales. Pero no se sienten compensados por el gobierno. Pocos incentivos y muchas amenazas implícitas, es lo que resienten. No lo han dicho abiertamente, pero como se ha probado en el pasado, sin los gobernadores, el resultado electoral en 2015 será negativo.

El martes no lo hicieron explícito, pese a que Peña Nieto encontró un auditorio de 19 gobernadores priistas –además del verde de Chiapas y el híbrido de Michoacán– que no había sonreído mucho. Al llegar "con ganas de pasar un buen rato", dijeron fuentes que reconstruyeron el cónclave, los gobernadores se sumaron mejor al festejo de los dos años exactos de su elección presidencial. El silencio fue una señal que no están a gusto con el trato de los secretarios, que no hay condiciones políticas, sociales y económicas favorables para ganar votos, y que el presidente tiene que hacer algo, en conjunto con ellos durante los próximos meses, para que 2015 no sea la reprobación de su mandato.

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