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Sentido común y comportamiento autoritario

POLITEIA

Bien dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. Es lamentable cuando su ausencia se advierte en el ejercicio del poder y peor cuando se trata de compensar con actitudes y comportamientos autoritarios, normalmente dirigidos hacia ciudadanos comunes y corrientes, cuyos casos no trascienden pero que forman parte de la acumulación de agravios que ahonda el desencanto con la política y con los políticos.

De vez en cuando alguno de esos casos alcanza notoriedad y ocupa espacios importantes en los medios. Sea por exceso y arbitrariedad en el ejercicio de sus funciones, sea porque aunque todos somos iguales, unos somos más iguales que otros, el asunto salta, y como por arte de magia empezamos a escuchar dislates y despropósitos que evidencian el poco conocimiento de las normas y ciertas pulsiones autoritarias que poco abonan a un ambiente civilizado en nuestra vida asociada.

Justamente esto es lo que ha pasado con el ciudadano Juan Guerra, detenido por pasarse un semáforo en rojo, y sometido a un trato humillante, que le llevó a presentar una denuncia ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos. Fíjense bien: se pasó un alto, que sigue siendo, pese a la política de cero tolerancia, un deporte que practican a diario miles de conductores a ciencia y paciencia de las autoridades de policía y tránsito.

Desde ahí, ya es evidente la desmesura de la acción de los agentes. Ah, pero hay que justificarla, y se entiende en el caso del titular de policía y tránsito local, pero el alcalde, queriendo dar muestra de un celo y un rigor extremo, ha defendido con todo la medida, y dice que "obviamente a ningún ciudadano le gusta que le apliquen el Bando de Policía", pero que ahí está la ley para ser observada puntualmente por las autoridades.

El asunto escaló rápidamente, y la presidenta estatal del PRI de inmediato se fue de bruces. Dura lex, sed lex, dijo Martha Tamayo, quien con un tufillo autoritario indicó que "mientras estén establecidas las sanciones en el Bando, bienvenidas por duras que sean", y que si hay excesos, pues ya luego se investigarán. Bonito modo de liderazgo político que ya lo hemos padecido.

En este juego de declaraciones, despropósitos y desmesuras verbales, hubo de escucharse una voz sensata. La CEDH explicó que hay irregularidades en el bando de policía y en la ley de tránsito que permiten que faltas administrativas sean calificadas como delitos, y que corresponde al ayuntamiento hacer una revisión de su ordenamiento, en tanto que el Congreso debe legislar en lo que se refiere a la materia penal.

Es decir, hubo que apelar al sentido común. Es cierto que en este caso estamos ante la opinión de un órgano constitucional autónomo que conoce la letra y el espíritu de la ley, y que seguramente su voz será atendida por las partes. Diría que no habría que hacer del affaire Guerra un casus belli, pero también estar atentos ante excesos y arbitrariedades en el ejercicio del poder.

Finalmente, el alcalde ha dado una buena muestra de sensibilidad: ha anunciado que no habrá detenciones por pasarse el alto y propondrá modificaciones al Bando. Desafortunadamente, la denuncia de excesos y arbitrariedades policiacas sigue siendo una constante. Nunca es tarde para enmendar.

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