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Ser y parecer en política

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Hay quienes utilizan con maestría una capacidad histriónica en política, aunque estén huecos por dentro académicamente hablando. Son muy raros quienes poseen conocimientos y atributos científicos profundos y auténticos que se dedican a la política, quizá porque en ese ambiente existe un olor muy fétido quién sabe a qué, ya se imaginarán. De tal suerte que el azufre huele a "perfume" fino al lado de esa materia tan fermentada. De ahí que algunos políticos digan que para andar en ella, hay que saberla comer sin hacer gestos.

Así que primero hay que perder el olfato y el gusto para andar en ese quehacer. No es nada fácil, tiene su "mérito", y más en los países subdesarrollados como el nuestro. Basta con promoverse y caerle bien a algún "padrino" para avanzar por ese sendero, y que sea "leal" a sus intereses, no a los del pueblo que lleve ética verdadera.

Aunque las Constitución, leyes y reglamentos exijan una serie de requisitos para asumir determinados cargos públicos, como cierto perfil profesiográfico, probidad, honestidad, y hasta buena fama pública, lo que implica también buenas costumbres. Así que en política no sólo es parecer sino también ser ontológica y éticamente hablando. De otra manera quedan devastadas las personalidades y los discursos políticos. Más cuando la conducta no está impregnada en la práctica del principio de congruencia, la cual debería aplicarse en todos los ámbitos no sólo en política, para evitar la doble "moral" de la que conversamos en otra colaboración.

Estamos hablando de parecer que lleve contenido en el ser. Esto equivale a dos categorías filosóficas postuladas por Emmanuel Kant: ser y deber ser. Lo primero se refiere al contenido de las cosas, y lo segundo a lo ideal, es decir, a lo que debería de ser.

Así que en política si se uniesen estos dos elementos por las personas que se dedican a ella, sería formidable, pero no a partir a base de mera mercadotecnia, porque únicamente se llegaría al nivel de parecer y no al ser. Aquí está el qué y el cómo. Los partidos políticos tienen una gran responsabilidad en todo ello. Sería bueno que tuviesen cuidado en postular a los mejores candidatos. Por fortuna en todos los institutos políticos hay personajes muy preparados y de conducta ética. Sólo que no se les apoya como es debido. Es más, por si fuera poco, hasta se les margina y se les detesta por quienes parecen ser. Aquí está un reto práctico.

Ah, que conste, no se ocupan títulos académicos ni nobiliarios para poseer contenido, porque la universidad de la vida y el sentido común también enseñan, y mucho. Aunque este último, desafortunadamente, es el menos común de los sentidos. Busquemos caminos para una mejor democracia, que sea de calidad y no se base en la necesidad de los más pobres dándoles dádivas y repartiendo simpatías falsas y engañosas, cual expertos en lo histriónico en un montaje teatral.

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