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Opinión

Ser y parecer en política

Por: Saúl Lara Espinoza

A gran cantidad de ‘políticos’ en el país, les agrada mucho parecer, aunque en la realidad no lo sean. Esto significa, en lo práctico, que solamente se ocupan de la parte superficial y jamás del interior de su persona. Para ello se gastan fortunas en adquirir cierta imagen por tener solamente pura envoltura, aun cuando estén huecos por dentro. Incluso, algunos personajes si se les investiga a fondo, encontraríamos elementos muy desagradables y fétidos que, en lugar de ocupar un sitio privilegiado o prominente dentro del ámbito del poder público, deberían estar en la cárcel. Ser y parecer en política y en todos los ámbitos de la vida, implica ser congruentes con lo que pregonan. Por lo que no es suficiente sonreírle al público y ocultar conductas contrarias a la ética y a la moral.

Sabemos perfectamente que quienes solo parecen y no lo son, no les interesa para nada la parte axiológica, es decir, los valores éticos. Lo que les importa únicamente es el poder y los privilegios que este genera.

De ese tipo actitudes o conductas, probablemente dio origen a un adagio popular desagradable a quienes son genuinamente honrados, que dice: “el que no transa no avanza”. El cual se pronuncia frecuentemente con cierto cinismo por algunos corruptos.

Pero por fortuna también existe la otra cara de la moneda, es decir, los que parecen y son al mismo tiempo. Aunque son garbanzos de a libra que están en pleno proceso de extinción. De tal manera que vivimos en un mundo al revés. En un país destrozado por la corrupción.

Para demostrar esto último, no ocupamos realizar investigaciones sofisticadas, y por consecuencia emplear métodos científicos rigurosos, puesto que es suficiente leer, ver o escuchar a los medios de comunicación que dan cuenta de tanta fechoría pública.

Ahí están las noticias que a diario comunican lo más relevante que sucede en el país. Por ejemplo, exgobernadores encarcelados y prófugos de la justicia. También sobre la presunta desviación de recursos públicos para la adquisición de la famosa “Casa Blanca”, la llamada “Estafa Maestra”, y la triangulación de operaciones irregulares atribuidas tanto a la Sedesol de la que fueron titulares Rosario Robles y José Antonio Meade. Y conductas fraudulentas atribuidas al candidato presidencial Ricardo Anaya Cortés.

Ante ello, para ser y no solo parecer, sería bueno que el Instituto Nacional Electoral (INE), en coordinación con el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen) y la Procuraduría General de la República (PGR), diseñaran una política pública integral, con el propósito de mejorar sustancialmente el quehacer político de nuestro país, y así brindarle mayor confianza y certidumbre al pueblo de México. De esa manera seriamos más competitivos como país y con ello se mejoraría enormemente la opinión que hoy se tiene de los políticos o de quienes dicen o creen que lo son.

Por fortuna existen personas que sí reúnen requisitos de honorabilidad. Individuos verdaderamente honestos, pero que son garbanzos de a libra en proceso de extinción que pertenecen a la regla de excepción, cuando la honradez debería ser la norma general de conducta en ese ámbito para ser y no solo parecer.