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Servicio civil de carrera

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

En México existe una perniciosa cultura patrimonialista del poder público. Se presenta dado el atraso cultural, educativo y político, y porque no existe un auténtico servicio civil de carrera.

Este es útil para fomentar una vocación adecuada y elevada del servicio público. Sirve para alcanzar una mayor eficiencia y agilidad en el funcionamiento institucional.

Se concibe como un sistema de administración del recurso humano, que considera la competencia técnica y la neutralidad en la designación del personal. Surge ligado a la formación del Estado Moderno, que se instituyó en los países avanzados como una función técnica de la administración para la eficiencia.

En él se separa lo técnico de lo político. Los cargos se basan en el mérito y en la capacidad. No en el amiguismo ni el compadrazgo, como suele hacerse, aunque no se cuente con el perfil adecuado.

Por eso, la administración pública de México no se desarrolla a la velocidad y profundidad requerida. No están instituidos de manera sistemática los exámenes de oposición para ocupar los cargos. Todo se hace con base en las relaciones, amistades y compadrazgos.

Existe tanta improvisación en todas partes del servicio público o de la administración pública. Por eso también hay tanta ineficiencia en los tres órdenes de gobierno en México. No se contrata a los más aptos ni a los mejores para el cargo, sino a aquellos que garanticen lealtad personal mas no institucional, mucho menos su desarrollo y eficiencia.

Desafortunadamente ese es el criterio atrasado de muchos políticos en nuestro sistema. Hace falta a estos que le incorporen un poco de ingrediente ético a sus decisiones. Concretamente al momento de los nombramientos, y reparen en todos los daños que le ocasionan a las instituciones y al pueblo con ellas.

Generan ineficiencia, vemos falta de profesionalismo, deriva de ello el diseño de inapropiadas políticas públicas y su instrumentación ineficaz, vemos improvisación, poco rendimiento, hasta desviación de recursos públicos con cierta frecuencia, entre otros muchísimos problemas.

De ahí la necesidad de instituir de manera real o práctica el servicio civil de carrera. Los políticos deben aprender un poco de lo que consiste este, de sus bondades, y de convertirlo en una práctica cotidiana.

Es necesario que aprendan a diferenciar lo técnico de lo político, que sus colaboradores tengan las destrezas suficientes para desempeñar los cargos.

Es preciso recordar que el pueblo ya está harto de tanta ineficiencia, del funcionamiento lento e improductivo de las instituciones públicas, del gasto ineficiente del erario público, del despilfarro que se hace con frecuencia de los recursos públicos. Nunca es tarde para empezar. Hay que hacerlo por el bien de la patria. ¿No creen que hace falta?

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