Opinión

Servicio sin calidad

Por  Jorge Luis Lozano

Los líderes de las alianzas de transporte urbano en Sinaloa no han dudado en exponer su decepción por el incremento de 1 peso y 1.50 a las tarifas de camiones de segunda y primera, respectivamente. El sector transportista había propuesto un aumento de 4 pesos a las tarifas en toda la entidad. El argumento: el incesante aumento de los insumos automotrices y los precios del combustible. No obstante, el aumento de 1 peso significa un golpe que se suma al ya de por sí pulverizado poder adquisitivo de las familias sinaloenses.

Para los sinaloenses, no se trata solo de asumir el pago de 1 peso o 1.50, sino de solventar toda la cascada de incrementos que durante los últimos meses han tenido los alimentos y los servicios. La economía familiar no da más, y el pago de tarifas de casi 10 pesos en el transporte urbano se traduce en una pesada carga financiera que afecta, precisamente, a quienes menos tienen.

Las familias que habitan en las zonas periféricas deben pagar, en ocasiones, hasta cuatro camiones diarios para transportarse a sus lugares de trabajo. Está, además, pendiente el compromiso no cumplido de las alianzas de camiones de mejorar no solo la calidad del servicio de transporte. La mayoría de las unidades de transporte en Mazatlán están convertidas en verdaderos hornos rodantes en los que los usuarios deben soportar temperaturas de casi 40 grados en periodos de más de una hora que requieren las lentas unidades para completar sus recorridos.

En esas condiciones, es rara la unidad que al menos esté en condiciones óptimas para que los usuarios puedan abrir las ventanas, eso sin mencionar lo sucio y deteriorado de los camiones. Es necesario que la Dirección de Vialidad y Transporte de la entidad haga su trabajo y obligue a las alianzas de transporte a cumplir con su parte, al dar un servicio óptimo por el dinero que los ciudadanos pagan.