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Sexy Beast

PISTA DE DESPEGUE

La última película de ficción del director, guionista y videoasta londinense Jonathan Glazer se estrenó en el 2004. Se llamó Reencarnación (o Birth, co-producción alemana, británica y norteamericana). En ella, una viuda, Anna (Nicole Kidman), tras varios años en duelo por fin ha decidido seguir con su vida comprometiéndose con el maduro Joseph (Danny Huston).

Mientras ocurren los preparativos de la boda, se presenta un niño cuyo nombre es el mismo que el de su difunto esposo: Sean (Cameron Bright), que clama ser su reencarnación y cuya edad corresponde con los años que su esposo lleva muerto. El niño responde hasta las preguntas más íntimas que les hace Anna, por lo que futuro y cordura de la mujer comienzan a tambalearse. Y todos los que la rodean no alcanzan a comprender qué diablos está pasando ¿Es que en verdad están ante la reencarnación de Sean o todo aquello solo es una elaborada estafa orquestada por algún sádico?

Reencarnación además de ser un muy notable thriller que provocó algo de polémica por cierta escena en la que Kidman seducía al reencarnado Sean en una tina, era apenas el segundo largometraje del londinense. Tras un largo periplo en la publicidad y realizando videos musicales para Radiohead, Massive Attack o Blur, Glazer debutó en el 2000 con la sensacional crime movie Sexy Beast. Desde esa primer película quedó claro que no estábamos ante un director del montón. Claramente obsesionado por las dinámicas corporales dentro de cada encuadre, en el cine de Glazer ocurre algo curioso: la metamorfosis opera como recurso narrativo.

Han pasado 10 años desde su última película, así que se celebra que el estreno de Bajo la piel, su tercer largometraje. Basado en una novela de ciencia ficción de Michel Faber publicada a finales del siglo pasado, la cinta debía narrar algo quizá demasiado simple y ya visto en cintas como Lifeforce (1985) o Species: un extraterrestre toma el cuerpo de una mujer para cazar hombres, que luego venderá en su planeta de origen como alimento. Sin embargo, estamos ante una película de Glazer, que toma el guión de Walter Campbell y lo lleva a sus terrenos. Así que nada puede ser tan sencillo.

El extraterrestre es Scarlett Johansson, que recorre una Escocia onírica cazando hombres a bordo de una camioneta. La mujer los preserva para que luego se conviertan en alimento. Es monitoreada por otro extraterrestre, un motociclista (Jeremy McWilliams). En su trayecto, observa a los seres humanos con su simpleza y su complejidad. Tiene una misión, eso queda claro, pero pronto esa fría cazadora, esa dura asesina, comienza a ablandarse ¿Será que esa piel humana que porta ha comenzado a calarle?

Lo interesante o quizá exasperante, es que Glazer no cuenta eso: lo muestra. La imagen es su herramienta para meternos dentro de la piel de esa sexy beast. Imaginemos ver nuestro patetismo desde la perspectiva de un ser para el que somos alimento. Imaginemos ese atento recuento de varios detalles que nos hacen ser humanos y en los que quizá no reparamos o por comodidad o por miedo o por vergüenza. Imaginemos que en algún momento el cazador comprende que en su actuar no hay nada honorable, pues las presas verdaderamente merecen lo que está a punto de pasarles. Imaginemos que, a pesar de todo eso, logramos despertar cierta empatía en nuestro verdugo y sin siquiera saberlo.

Scarlett Johansson claramente se entrega al proyecto, dejando a un lado su aura de estrella para, como antes lo hizo Nicole Kidman o Ben Kingsley, portar la cambiante piel de esta nueva bestia preparada por un Glazer al que se le extrañaba.

Eso sí: por su factura, Bajo la piel está más cerca de ser una pesadilla que una película convencional. Están advertidos.

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