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Siete preguntas para cualquier situación con los hijos

UN CAMINO AL CRECIMIENTO

Hay varias personas que han impactado de manera muy importante en mi comprensión de las dinámicas de la educación de los hijos, grandes estudiosos de la psicología y del desarrollo humano, sobre todo, de la psique. Entre ellas, destacan dos a las que deseo mencionar y de quienes tomaré referencia para mi columna de hoy, una es Isabelle Filliozat, psicoterapeuta que se ha dedicado a acompañar a adultos y a niños en su camino hacia una mayor libertad y felicidad, y Francoise Dolto, psiquiatra infantil de gran intuición, profunda sabiduría y un amplio conocimiento de los mecanismos psíquicos, y que dedicó su labor profesional a orientar y ayudar a los padres para una crianza más respetuosa de sus hijos. Filliozat, en uno de sus libros, habla sobre una entrevista que le hacen a Dolto y a la pregunta "Usted ha tenido problemas de educación con sus hijos? ella respondió: "Sí, todos los niños tienen dificultades para comprender lo que pasa en el mundo, pues lo interpretan de forma mágica. Antes de que mis hijos tuvieran 5 años, tuve que realizar un trabajo diario para comprender lo que pasaba por la cabeza de un niño". Esta humilde respuesta Dolto reconoce que antes sus hijos, tenía más preguntas que respuestas. Esto da pie a Isabelle Filliozat para plantear lo siguiente: Cada niño es un individuo único, y cada una de las situaciones que presenta, y que a los padres nos reta, no pueden estar regidas por respuestas sistemáticas en función de reglas educativas predeterminadas, ya que esto significaría negarle al niño su individualidad como sujeto. Más que actuar de manera estereotipada o sistemática, lo que conviene con las conductas inadecuadas de nuestros hijos es hacernos preguntas para encontrar lo que sucede y poder así responder con empatía y de acuerdo a ese niño en particular. ¿Cuáles son esas preguntas? Cuando te sientes sorprendido y desamparado ante la intensidad de una emoción de tu hijo, cuando no sabes qué puede desencadenar una reacción semejante, no sabes cómo ayudarle a atravesar una experiencia dura, entonces escúchale, ponte a su altura, mira con sus ojos, oye con sus oídos y pregúntate: ¿Qué es lo que vive? ¿Qué le pasa? Cuando un comportamiento te sorprende, te irrita, cuando tu hijo o hija manifiesta esta emoción que te parece desproporcionada, una oposición sistemática, puedes preguntarte: ¿Qué dice su conducta? Ante cada una de tus reacciones, puedes elegir entre los mensajes de amor "Te quiero, y puedes hacerlo" o "Eres un inútil, no vales nada¡". La pregunta en este caso es: ¿Qué mensaje deseo transmitirle? Cuando otras personas o nuestros hijos nos exigen o nos piden algo inusual, podemos escucharles y plantearnos lo siguiente: "¿Qué es lo que le diré? Por qué digo ¿Las necesidades de mi hijo son compatibles con mis necesidades? Esta es otra pregunta sugerida por Filliozat pues, el hecho de saber escuchar las necesidades propias, que por cierto no es ser egoísta, significa saber medir la situación e intentar responder a la misma de manera apropiada. Al responder y saber que nosotros también tenemos necesidades insatisfechas, nos colocará en una posición diferente ante los hijos. Cuando nuestros hijos perturban nuestro espacio, cuando no sabemos cómo actuar, cuando sentimos que actuamos más en función de lo que piensen los demás, conviene preguntarnos: ¿Qué es lo más valioso para mí? Y, finalmente, la gran pregunta que conviene plantearse siempre en cualquier proyecto: ¿Cuál es mi objetivo? En realidad, si proteges siempre a tu hijo como lo más valioso para ti, conviene detenerse antes de alguna reacción que pueda alejarse de este objetivo. No siempre es fácil, pero conviene aplicarse.