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MAZATLÁN

La famosa Ley Antichatarra para sacar los alimentos de mala calidad de las escuelas es letra muerta, al menos en la mayoría de los planteles de Sinaloa. Las tienditas siguen operando en muchos planteles y detrás de ellas por supuesto hay intereses que las mantienen abiertas, para llevar dinero a bolsas de directores y quién sabe si más arriba. Lo peor es que el consumo de chatarra ya está dentro de la dieta diaria de nuestros niños, así como los padres y maestros, que son también clientes de las tienditas y los puestos que se ponen a vender prácticamente de todo, tanto en los horarios de salida como los de recreo. Para sacar la comida chatarra de las escuelas no hace falta hacer revisiones de mochilas para que los niños no metan sus golosinas, frituras y refrescos, sino que los directivos que arropan a las tienditas le pierdan amor al dinero que por ellas les entra. Por supuesto que la labor de los padres para educar a sus hijos sobre buenos hábitos alimenticios también es importante, pero mientras las escuelas no estén libres de chatarra siempre van a ser una tentación para los niños y jóvenes. En nuestro país hay millones de niños con sobrepeso y obesidad. Los expertos dicen que es muy probable que los niños con estas condiciones sigan así de adultos y que lo que aprendieron a comer de pequeños lo sigan haciendo toda su vida. En lo que a los padres les toca, es importante dejar de darles dinero a los niños para que no puedan comprar chatarra y mandarlos con un lunch de alimentos frescos y nutritivos. Y la iniciativa tiene que ser de los padres, porque ha quedado evidenciado que a las autoridades educativas no les interesa poner orden. Según datos de la ONU, nuestro país es el primer lugar mundial en obesidad infantil. Esto ha provocado que enfermedades como la diabetes, que antes eran solo de adultos, ya se presenten en niños de primaria. De ese tamaño es el problema, pero ni las autoridades escolares ni de salud parecen tener la solución ni la voluntad para combatir de lleno esta dramática situación. Está en sus manos, y de nadie más, enseñarle a comer a sus hijos. Recuerde también que la mejor enseñanza se da con el ejemplo.