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Simulación.

NUESTRA OPINIÓN CULIACÁN.

Cada vez que se dice que hay una revisión en el Centro de Ejecución de las Consecuencias Jurídicas del Delito (Cecjude), ubicado en Aguaruto, ya se sabe qué es lo que las autoridades van a encontrar.

Un montón de celulares viejos, algunos de ellos hasta descompuestos, decenas de armas de fabricación casera, un puñado de cargadores para celulares y algunos objetos que no dejan de sorprender cómo es que fueron introducidos al penal.

En una anterior revisión encontraron una planta de mariguana, y en esta ocasión, los elementos policiacos, que ingresaron la noche del pasado martes, encontraron una rockola.

Eso es el colmo del cinismo y el descaro.

Uno puede entender que se pase de contrabando un teléfono celular, drogas, o cualquier objeto de un tamaño pequeño que pueda ocultar cualquier persona que acuda al centro penitenciario a visitar a un interno.

Pero cómo explica la directora del Cecjude, Marilú Cázares López, la presencia de un aparato que tiene casi las mismas dimensiones que un refrigerador.

Es imposible que una persona que fue de visita lo haya pasado de contrabando.

Menos pensar que fue lanzado desde el exterior, para deleite de todos aquellos internos que tienen gusto por el canto.

No queda más explicación que entró por la puerta de acceso del reclusorio, como entran miles de objetos que no deberían de existir dentro de una cárcel.

Es un secreto a voces que los internos del penal de Aguaruto, que tienen los recursos, poseen televisiones, refrigeradores, aires acondicionados, computadoras, teléfonos y hasta armas de fuego.

Resulta inverosímil que al realizar operativos que duran horas, sólo encuentren celulares viejos y armas rudimentarias, además de que las autoridades ofenden la inteligencia de la ciudadanía, al tener el descaro de 'presumir' dichos aseguramientos como un gran logro.