Opinión

Sin consideración ética

SAPIENZA

Por: Emmanuel

La muerte se vuelve cada vez más familiar en la sociedad moderna. No sólo se han abierto desde hace años franquicias para clínicas abortivas en países como Estados Unidos (¿dónde más?), sino que diversas entidades políticas han legalizado el suicidio asistido. La muerte asistida se remonta a épocas más remotas, pero basta citar algunos casos de décadas recientes. La Alemania nazi elaboró un plan eutanásico en 1939 para eliminar a las personas indeseables como bebés con defectos físicos y mentales. Un año después se incluirían en el plan los idiotas y dementes adultos y se extendió un año después a gitanos, homosexuales, negros y, por supuesto, judíos. Son ampliamente conocidos los experimentos que en nombre de la ciencia llevó a cabo Joseph Mengele y que no eran otra cosa que torturas que acabaron con muchas de las víctimas de los nazis. En 1989, el doctor Jack Kevorkian, que llegaría a ser conocido como el "Doctor Muerte", construyó una máquina del suicidio para asistir a la gente a morir, la cual estrenó con una paciente con Alzheimer de 54 años. En 1995 el "Doctor Muerte" sería condenado a 25 años de prisión por poner una inyección letal a un paciente. Mostró en televisión un video cuando aplicaba la inyección. Holanda tomó medidas legales en 1993 para que no se castigara a los doctores que practicaran la eutanasia o el suicidio asistido. Ocho años después aprobaría la regulación legal de la eutanasia. En 1995 se aprobó la eutanasia en el norte de Australia pero la presión pública haría que fuera derogada. Dos años después el estado de Oregón en Estados Unidos aprobaría la eutanasia. Por su parte, el Senado mexicano pidió a la Asociación Mexicana de Tanatología que le diera informes sobre la eutanasia. Tal pareciera que el mundo no conoce mejor camino para acabar con el sufrimiento humano que la muerte. Se dispone de la vida humana sin ninguna consideración ética o moral. No basta con que alguien desee la muerte para concedérsela, pues ciertamente una persona deprimida, por ejemplo, no está en las mejores condiciones para de manera meditada solicitar un suicidio asistido. Tal parece que, como si fuera un platillo a escoger de un menú, muy pronto la gente podrá escoger la manera en que quiera morir. Ya no hay nada que nos sorprenda.