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Sin protección

NUESTRA OPINIÓN CULIACÁN

Las viejas casonas del centro de la ciudad que han ido quedando abandonadas por sus propietarios para irse a viviendas más nuevas, o lugares más tranquilos, están siendo destruidas y junto con ellas gran parte de la historia del municipio.

Muchas de dichas viviendas fueron diseñadas por quienes conocido como el "arquitecto de la ciudad", Luis F. Molina, a finales de 1800.

El principal motivo por el que los inmuebles son abandonados es la falta de recursos por parte de sus dueños para mantenerlos, aunque en otros casos, prefieren remodelarlas y convertirlas en casas más modernas, o aprovechar el terreno para algo más redituable que una vieja vivienda en mal estado.

Muchas han terminado siendo estacionamientos públicos, quedando sólo la fachada de ellas.

Autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tienen catalogadas las construcciones históricas, pero en realidad no han hecho demasiado para preservarlas.

La burocracia y el papeleo del Instituto tiene mucho que ver en ello, además del más que trillado pretexto: falta de presupuesto.

Tampoco se puede decir que la culpa de que los edificios históricos de Culiacán se estén cayendo en pedazos es culpa del INAH.

Las autoridades locales y estatales deberían de intervenir y buscar la manera de rehabilitar esas construcciones a través de un acuerdo con sus propietarios y en caso de que ya hayan muerto y no exista quién las reclame, expropiarlas y con mayor razón restaurarlas.

Después de invertir tanto en las calles del primer cuadro de la ciudad, del que llaman "Centro Histórico", por qué dejar de fuera las casas, que es lo más visible.

Cuando uno va a ciudades que cuentan con un Centro Histórico, lo interesante es recorrerlos para ver sus edificaciones, pero acá se preocuparon más por tener grandes banquetas y no qué apreciar.