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Sinaloa: el camino de las reformas

POLITEIA

Hay una insatisfacción generalizada por los problemas estructurales de un aparato productivo que no es capaz de generar un ritmo de crecimiento sostenido en un horizonte amplio. En ello coinciden gobierno, empresarios, académicos, investigadores, diversas organizaciones de la sociedad civil, pero, paradójicamente, a ello no ha seguido una acción colectiva que permita trazar una nueva ruta para salir de un círculo vicioso que desde hace años, décadas, lastra las posibilidades de desarrollo económico y social.

En cualquier documento institucional es posible encontrar expresiones como ésta: "el ritmo de crecimiento de nuestra economía no ha permitido disminuir los niveles de pobreza, desempleo, subempleo y, en general, de la informalidad económica, con diversos efectos negativos en las condiciones de bienestar de cientos de sinaloenses"; el gobernador no pocas veces ha expresado su desazón por las carencias y distorsiones del aparato productivo, y apuesta a la diversificación para romper el círculo vicioso que inhibe nuestro desarrollo.

El Codesin también sostiene que la economía estatal requiere profundas transformaciones con una visión estratégica de futuro y, como si no fuera parte de sus responsabilidades, reclama la ausencia de políticas de Estado que expliquen qué Sinaloa queremos construir. Partidos y entidades de investigación, nacionales y locales, lamentan el bajo ritmo de crecimiento, inferior a la media nacional, y la pervivencia de una estructura productiva que no agrega valor a sus productos.

En diversos estudios sobre disparidades territoriales, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), ha señalado que Sinaloa es un territorio estancado o perdedor, cuyo crecimiento y PIB por habitante es inferior a la media nacional, que se ha desindustrializado y no ha reconvertido su economía, con una sociedad rural de baja productividad, y que difícilmente puede aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados globales.

Quien diga que no hay propuestas para enfrentar este escenario algo sombrío, falta a la verdad. Ha habido muchas en estos años, pero ha hecho falta una auténtica voluntad reformista de las instituciones, y una propuesta articulada que integre en una estrategia global las visiones y los intereses plurales y diversos que se expresan en nuestra vida colectiva.

No se trata de sumar sin ton ni son las propuestas más disímbolas, que lo mismo sirvan para un roto que para un descosido, sino de valorarlas, discutirlas en un ambiente de respeto y diseñar una estrategia que trascienda el cortoplacismo en que suelen moverse las políticas gubernamentales.

Por eso, vuelvo a una propuesta que he lanzado en algunos foros: que nuestras instituciones más prestigiadas, las dos universidades públicas, el Colegio de Economistas, el Codesin, la Coparmex, la Secretaría de Desarrollo Económico, la Delegación de la Secretaría de Economía, convoquen a un seminario para tratar de construir algunas convergencias mínimas en la perspectiva de recuperar un crecimiento decoroso.

Sé que no es fácil, pero por elemental compromiso con Sinaloa debería intentarse. Hay que desbrozar el camino para las reformas. Hay conocimiento experto, economistas muy profesionales, servidores públicos muy comprometidos. Sería un aporte muy valioso para construir futuro.

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