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Siria: los actores no estatales

"Líbano está en el camino de la destrucción", dijo este jueves el secretario general adjunto de Hezbollah. Un coche bomba, presuntamente lanzado por grupos militantes sunitas afiliados a Al-Qaeda, había golpeado los suburbios del sur de Beirut. El objetivo era enviar un mensaje de represalia a Hezbollah por su participación en la guerra civil siria en favor de el-Assad. Estos ataques, cada vez más frecuentes, muestran que el conflicto sirio no sólo está lejos de resolverse, sino que se sigue expandiendo y complejizando. El involucramiento de múltiples actores no estatales de carácter violento obliga a intentar comprender lo que está pasando, antes incluso de pensar en una potencial conferencia de paz. Sería insuficiente buscar resolver las cosas bajo esquemas tradicionales que consideran exclusivamente conflictos entre Estados, o entre un Estado y una rebelión unificada, sin considerar otra clase de enfrentamientos que ya se están librando tanto al interior de Siria como fuera de sus fronteras a consecuencia de la misma guerra.

Primero, dentro de esta guerra civil, tenemos la participación de grupos militantes islámicos sunitas. La mayor parte de estos grupos es local. Sus miembros son sirios y sus objetivos se limitan al derrocamiento de el-Assad y al establecimiento de un estado islámico en Siria. Luego, hay otros grupos islámicos también locales, como el Frente Al Nusra, que se proclaman con ligas o adherencia ideológica a Al-Qaeda y sus metas, más alineadas con esta organización, rebasan al derrocamiento de el-Assad. Adicionalmente, este conflicto fue penetrado por el grupo que antes era Al-Qaeda en Irak y que actualmente se conoce como "El Estado Islámico de Irak y Siria" (ISIS), cuyos objetivos abarcan ambos territorios y cuyos combatientes proceden de muy diversos países. Varios de estos grupos islámicos han estado chocando con la oposición que originalmente inició la guerra civil aglutinada en torno al Ejército Sirio Libre, incluso masacrando a sus adherentes y a civiles.

En el otro bando, apoyando al gobierno de Assad, se ubica la milicia libanesa chiíta de Hezbollah fundada y financiada por Irán. Esta milicia ha combatido eficazmente al lado del ejército sirio en contra de grupos rebeldes, incluidos algunos de los grupos islámicos mencionados arriba. Así, la complicación de este entramado de alianzas y grupos enfrentados procede de múltiples direcciones. Estas son algunas:

Hezbollah es uno de los enemigos más acérrimos de Israel. Debido a la inestabilidad en Siria, esta milicia ha buscado proteger sus arsenales y la provisión de armamento que le llegaba desde Teherán y Damasco. Parte de este arsenal, que incluye misiles de largo alcance, era resguardado dentro de territorio sirio, y Hezbollah lo está trasladando hacia el Líbano. Durante 2013 Israel detectó algunos de estos movimientos y atacó convoyes de la milicia chiita al menos en cinco ocasiones, lo que no ha impedido que Hezbollah se mantenga efectuando estos traslados. Ello tenderá a producir nuevos choques con Israel.

Al mismo tiempo Hezbollah, al apoyar a el-Assad, se ha convertido en uno de los peores enemigos de los grupos islámicos sunitas de filiación a Al-Qaeda. Esto produce una situación con pocos precedentes. Hezbollah, que no es un Estado, sino una milicia que controla determinadas porciones del territorio libanés, está siendo víctima de ataques con coches bomba y explosiones en ese país, justo las estrategias empleadas por este grupo en el pasado contra sus enemigos. Es decir, un actor no estatal pero que hoy cuenta con enorme poder político y material, Hezbollah, está siendo víctima de una especie de guerra asimétrica en Líbano, a raíz de su involucramiento en la guerra civil siria.

Por si fuera poco, el grupo islámico ISIS, uno de los más poderosos de filiación a Al-Qaeda, está operando lo mismo en Irak que en Siria, con niveles de violencia —ataques a civiles incluidos— cada vez mayores. Esta semana ese grupo amenazó con tomar el control de dos importantes ciudades iraquíes, Fallujah y Ramadi, incendiando estaciones de policía, liberando prisioneros y llamando desde las mezquitas a librar la Jihad, la guerra santa.

De este modo, la conferencia de paz para Siria programada para este mes, podría ser exitosa, ojalá, en cuanto a sentar en la misma mesa a una parte de los enemigos de esta guerra civil y de los países que les apoyan. Pero en la medida en que no se entienda y aborde el problema de la creciente y acelerada expansión y complejización de este conflicto, la paz seguirá estando demasiado lejos de Levante.

@maurimm