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Sistema político ineficaz

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

El sistema político mexicano, desde hace muchos años no ha sabido procesar con la capacidad técnica y la inteligencia debida las demandas sociales. Históricamente se han venido acumulando rezagos tras rezagos que ponen en evidencia todos los discursos retóricos que buscan pintar paraísos inexistentes. Si examinamos con mesura, objetividad y rigor académico cada uno de los sexenios y los distintos estilos de gobernar, muchos de los saldos sociales, económicos y políticos resultan desalentadores desde los puntos de vista cuantitativo y cualitativo.

Gracias en gran medida a la construcción artificial del imaginario social derivada de intereses poderosos y a la represión oficial, se han venido conteniendo estallidos que quiebren de manera general con el sistema político. No estamos de acuerdo con la violencia social ni con la oficial por la vía represiva. Ambas son reacciones desesperadas y hasta cierto punto poco racionales. Por un lado, los grupos y los movimientos ciudadanos o gremiales no han estado ni están lo suficientemente organizados ni fuertes para derrocar al gobierno en la época contemporánea; mientras que, en el otro bando, vemos un aparato enorme, fuerte y organizado que fácilmente aplasta a los pequeños y medianos movimientos sociales, sindicales y políticos, pero que no es motivo de regocijo ni nada por el estilo el hacerlo, a menos que se tenga una mente perturbada o fascista.

Esto último sí puede llevar a un quiebre total del sistema, más si proviene de las altas esferas de la política nacional y se hace de manera sistemática, como lo fue en la época porfirista, por ejemplo. Aunque la ruta no es de la anarquía, porque a final de cuentas si bien el poder es usufructuado en principio por revolucionarios auténticos, hemos visto a través de la historia de México que sus herederos se transforman en burgueses mucho más retrógradas que los que dieron origen a una revolución.

Tenemos la plena convicción de que el camino es la construcción de una auténtica democracia. Una democracia de calidad, no una vacía; una democracia que posea ética. No un remedo de democracia como la actual. No en aquella que se basa en la compra y coacción del voto. En la que no importan los medios y su origen. En la que se abusa de las necesidades y atrasos socioeconómicos, culturales y educativos del pueblo. Aquí es donde el sistema político mexicano debe poner especial atención para procesar con limpieza las demandas de índole política; y a partir de ello vendrán, por añadidura, los cambios profundos en los ámbitos social y económico. De esa manera, dicho sistema dejará de ser ineficaz. No soñamos, pero se puede avanzar por el camino de la racionalidad, la educación, la cultura, la libertad y la democracia. Hagamos una gran conciencia ciudadana; construyamos ciudadanía. Forjemos esto con humildad y sin prejuicios, quienes podamos aportar nuestro granito de arena a la causa social y humanista.

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