Opinión

Socorro Venegas

EL ARTE DE NOVELAR

Por: Élmer Mendoza

Si México es un país múltiple esto también se manifiesta en su narrativa, algo que se advierte en autores que no rehúyen los vasos comunicantes y logran que su literatura sea amplia, firme y propositiva. Algo así nos muestra la mexicana Socorro Venegas en su novela Vestido de novia, publicada por Tusquets en México, en junio de 2014.

Se trata de una autora que explora una vida femenina de nuestro tiempo y su manejo de ciertas tradiciones propias de la mexicanidad y el concepto de muerte. Su estilo es sobrio, de ritmo contenido; los espacios donde ocurre la historia son ligeramente descritos y van a encontrar un personaje pivote que "tenía la mirada del que se despide siempre". Mientras leía recordé varias veces a Bob Dylan, aquello de que nadie es libre, hasta los pájaros están encadenados al cielo.

"El novelista…", explica Milan Kundera en su inquietante Arte de novelar, "es un descubridor que, a tientas, se esfuerza por desvelar un aspecto desconocido de la existencia". Hay una intención innata en el novelista de trabajar en algo único, sorprendente y entrañable. En Vestido de novia, la autora desarrolla justo eso: nos presenta a una viuda desde hace 13 años, joven, que debe decidir qué hacer con las cenizas del esposo, guardadas en un nicho que alguien quiere comprar. Contada en primera persona, la historia es, más que una novela de duelo, una novela de desprendimiento, quizá de duelo, de cómo salir de ese estado que ni el amor o la memoria pueden conservar. Laura Dumas, la narradora, comparte revelaciones de la vida, entre ellas, la del vestido de novia que utilizó en su boda y el primer regalo que tuvo en suerte recibir. Deja claro, que es una viuda a la que le cuesta manejar el pasado y sus objetos.

Socorro Venegas, nacida en San Luis Potosí en 1972, pero que creció en Morelos, es dueña de un tono suave, sostenido y astuto. Conoce el alma femenina, no solamente por ser mujer, sino porque es una observadora implacable de sus congéneres, capaces de vivir con inexplicable frecuencia esos ancilares momentos únicos que las unen generalmente a nada. Poco a poco, Laura revela su singularidad y la de su familia: un esposo condenado a morir joven y ciego, sin hijos, harto de su trabajo, fan de Kurt Cobain y coleccionista de botellitas de tragos. Igual los padres de ambos son especiales, lo mismo que su tía Noemí, que le muestra la grandeza de la risa y el amor. Entre todo esto, hay una perturbación que Venegas maneja correctamente desde el principio: la mención de una duda que se resolverá justo al final: ¿qué fue lo último que dijo Aldo, el marido, antes de morir desplomado en el baño? La madre quiere saber. Ella escuchó pero no está segura.

Socorro consigue un penetrante tratamiento de la oscuridad como atmósfera donde la mayoría de los capítulos transcurren: se percibe en sus ruidos y silencios; además, la complejidad del personaje crece, se ha casado por segunda vez con un hombre normal y tiene un hijo pequeño que compite por el afecto con las cenizas del primer esposo. Un matrimonio conveniente que la hace expresar: "Seré lo que él quiera". Asistiremos como testigos de cómo Laura decide eliminar objetos bajo la idea de que un recuerdo no puede tener más que un origen, como las mariposas negras que la acompañan desde niña o la pregunta: ¿cuándo hicimos el amor por última vez? En nuestras tradiciones las mariposas negras que aguardan en las esquinas más oscuras son de mala suerte, pero no tener claro un encuentro amoroso con el ser querido es peor: son siete años de malos brindis.

Evidentemente, Vestido de novia se inscribe en esa parte de las narrativas mexicanas donde nuestras tradiciones son parte de su identidad: la conservación de los restos mortuorios, la tradición del Día de Muertos y más. Sin embargo, Socorro Venegas no ignora algunos aspectos de la realidad mexicana que nos duele parejo, como cuando Laura se entera de lo que le ocurrió al pediatra de su hijo: "Un comando irrumpió en su consultorio desierto sólo unos minutos antes de que él se marchara más temprano de lo usual, pues le habían cancelado una cita. Frustrados… los asaltantes dispararon con armas de alto poder sobre todo lo que vieron." Lo que digo, hay un México múltiple que salta por todas partes. Una buena noticia es que es una novela que usted no debe dejar de leer porque es un aliento reanimador para las letras mexicanas, ávida de voces fuertes y representativas. Ya me contarán.