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NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

Los incontables accidentes fatales ocurridos en los últimos años en los distintos cruces ferroviarios considerados como punto de riesgo a lo largo y ancho del territorio sinaloense, de nada han servido para justificar ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), una estrategia preventiva, mucho menos un presupuesto especial que permita, cuando menos, la instalación de semáforos que ellos mismos saben que son necesarios para aminorar el peligro a los automovilistas.

De qué sirve entonces que se tengan detectados 90 cruces de riesgo en las vías del ferrocarril que atraviesan por la entidad, en donde se precisa la falta de semáforos, con inversión global de algo así como 270 millones de pesos, una cantidad realmente enorme que, siendo sinceros, no está en los planes de la dependencia federal, mucho menos al interior de la Dirección de Vialidad y Transportes del Estado que, fue quien elaboró el estudio.

Si para eso de eludir responsabilidades hay funcionarios que se pintan solos, imagínese lo que pasa cuando a juicio oficial, que seguramente así lo es, la tarea preventiva no es privativa del estado sino de la federación y, en gran medida, de la población, pues son, finalmente, estos últimos los más afectados por el peligro que estos cruceros representan, y no estaría de más que al menos tengan más cuidado al pasar por estos puntos identificados como rojos.

Si la ciudadanía espera que las autoridades hagan lo necesario para concretar una medida de seguridad en estos sitios en los que el tren cruza a diario por zonas pobladas, la verdad pierden su tiempo, pues este estudio seguramente no provocará ninguna acción inmediata, incluso pudiéramos decir que hasta el momento no existe la motivación que ellos (federación y estado) consideran necesaria para proteger a la población, parece que la cifra de muertos en este tipo de accidentes, hasta el momento no les resulta suficiente.

Vale la pena, entonces, insistir en que como ciudadanos se rectifique en la prudencia, en la prevención y en una mejor cultura de manejo para evitar esos accidentes en cruces ferroviarios, esa es, por lo pronto, la única salvación.