Opinión

Solución postergada

Por  Jorge Luis Lozano

Todo parece indicar que Mazatlán tendrá que esperar mucho tiempo para tener un alcalde que entienda la necesidad de que la ciudad cuente con un reglamento para el uso de los espacios turísticos.

La reglamentación de lo que se puede y no se puede hacer en zonas tan importantes como el malecón evitará que este (por ejemplo) sea presa de las ocurrencias de la Administración en turno.

El malecón tiene una larga historia de intervenciones criterio único de los gobernadores. Ha sido intervenido tres veces en menos de doce años con la inversión de ciento de millones de pesos cada vez.

También fue pintado con colores que identifican a la Administración en turno (el priista Jorge Abel López lo pintó en colores ocre; el panista Alejandro Higuera en colores azul; y la Administración morenista que preside Luis Guillermo Benítez Torres de un azul cielo).

Todo esto viene a colación por la polémica formada debido a la nueva orden de Oficialía Mayor del Ayuntamiento para reducir la instalación de sillas y mesas por parte de bares y restaurantes en el paseo Olas Altas y la plazuela Machado.

La Administración municipal argumenta que se está liberando el espacio para la comodidad de los peatones, por encima de las ambiciones económicas de los comerciantes que se sirven de la vía pública.

Éstos últimos reprochan que solo la actual Administración les ha negado la posibilidad de dar un servicio que el mismo turismo busca.

La solución ya se ha determinado desde hace más de una década: reglamentar el uso comercial del centro histórico y otros espacios turísticos de Mazatlán para evitar los conflictos y el daño a la imagen turística con decisiones discrecionales de los funcionarios.

Sin embargo, la tarea ha sido igualmente postergada por el Implan, cuyo titular en esta Administración, Norberto Álvarez, no gusta de dar explicaciones ni rendir cuentas, menos entrevistas.