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GUASAVE

Desde tiempos inmemoriales los proclives a crear personalidades de probidad a costa del silencio del periodismo, han pretendido amordazar la libertad de expresión y someter la independencia informativa de las casas editoriales y así, alinear la verdad a la suya propia.

Agresiones como la que ayer en la madrugada sufrió un alto funcionario de Noroeste, también las ha padecido nuestra empresa EL DEBATE, siempre con el mismo resultado: la impunidad.

No es nuevo entonces, tampoco los únicos, porque al respecto los ejemplos abundan. El periodismo es blanco de oprobiosas amenazas, cuando no de plano de atentados, como el perpetrado en contra de Noroeste, no pocas veces mortales.

De orígenes anónimos, porque la cobardía desde la oscuridad opera, lo que ayer ocurrió, es apenas una "rayita más al tigre", que no por ello dejan de ser mensajes muy preocupantes para los comunicadores, no sólo de Sinaloa, sino de todo el país.

En muchos frentes y distintas épocas y la actual no es la excepción, el periodismo y quienes lo ejercen sin ataduras, son ubicados, ya desde las esferas del poder, ya por los grupos criminales, como los objetivos consentidos del acoso, el hostigamiento verbal y la coacción económica y en el peor de los casos de una beligerancia que trasciende hasta el punto del homicidio.

No obstante todos esos obstáculos y peligros hay quienes de cara al compromiso social que tienen los periodistas y los diarios de ser altavoces de la denuncia popular y los excesos palaciegos, intentan insensatamente cancelar la libertad de expresión.

En esa dirección quienes se sienten afectados por el libre juego de las ideas, su tolerancia hacia la crítica tiene límites muy estrechos, que frecuentemente se desborda para convertirla en actitudes autoritarias, sin comprender que la libertad de prensa no es para satisfacción personal o beneficio gremial, sino para mejor servir a la nación.

Los que se espantan por el escrutinio público son los que como defensa asumen la agresión y el ataque artero, acostumbrados como están a la prevaricación, al dinero fácil sustraído de las arcas oficiales que tantos y nuevos ricos ha dado, insolentes, vanidosos e imbuidos de impunidad y poder.

Por supuesto no deja de ser sobrecogedor lo que pasa. Ello causa miedo e inquietud por los riesgos que implican los atentados del tipo y tenor que se produjo en contra del ejecutivo de Noroeste, pues no es una cuestión de individualidades, sino que, como ayer fue él, quién nos garantiza que otra vez se vaya a arremeter contra nosotros.

No pocos son los periodistas que han sido inmolados a causa de su profesión, pero aún así, parafraseando a la columnista Cristina Pacheco:"su invisible presencia no nos perdonarían en momentos como estos, el lujo de la discreción y el silencio".

Entonces de frente al atentado que sufre el funcionario de Noroeste, es necesario de nuevo y con mayor énfasis, elevar la más enérgica condena para pedir una exhaustiva investigación que conduzca al origen de la proditoria agresión y desde luego, más allá de eso, la detención de sus autores.

Que así sea y que en verdad se hagan efectivas y se lleven al terreno de los hechos las sonoras frases de los melosos discursos que cada 7 de junio se escuchan en el marco de las celebraciones de la Libertad de Expresión.

Porque así como los caídos violentamente están a la espera de justicia, los periodistas que todavía permanecen vivos necesitan garantías y seguridad para el desempeño de su ejercicio con la misma urgencia.