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Opinión

'Soy el hermano de Nina'

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Por: Felipe Díaz Garza

Lorenzo Zambrano era un hombre modesto, me consta. La segunda vez que hablamos fue en una fiesta que Susana Canales organizó en el jardín de la casa de su mamá, doña Chelo, para presentar una obra teatral de Carlos Fuentes. Ya nos habían presentado antes, en casa de su propia mamá, doña Nina.

Desde antes del primer encuentro ambos sabíamos quién era el otro. Sin embargo, aquella noche en el jardín de la Obispado, el joven empresario se me acercó, buscando platicar conmigo sobre Carlos Fuentes, dando por hecho que yo no me acordaba de él.

"Soy Lorenzo, el hermano de Nina", me dijo de entrada, como si estuviera develando su identidad y dándome un salvoconducto para que lo atendiera.

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Varias veces se repitió la escena, incluso cuando ya dirigía Cemex y el Rector general del Tec, Rafael Rangel, le coqueteaba para que se involucrara en la obra del colegio regiomontano, lo que Zambrano desde luego hizo con resultados extraordinarios para todos.

"Soy el hermano de Nina", se definió al serme presentado en la oficina rectoril, donde nos topamos esa tercera vez.

No son ociosas estas anécdotas. Reflejan un código de conducta modesto y una vida juiciosa. Pintan de cuerpo entero a un hombre elusivo del aire público a su vida personal, aunque entregado a grandes compromisos profesionales comunitarios que, ésos sí, cumplió siempre con audacia, esmero y resultados.

En ese contexto es que me parece una falta de respeto al propio Lorenzo el que los oportunistas de siempre, encabezados por los adoradores de encabezados periodísticos, nos salgan ahora con homenajes públicos a quien practicó en vida la privacidad.

El Norte reportó ayer que el municipio de Monterrey analiza cambiar el nombre de la avenida Constitución por el del empresario, fallecido el pasado 12 de mayo.

El secretario del Ayuntamiento regio dio a conocer que se está realizando una consulta entre los locatarios y los vecinos de la avenida Constitución para determinar si cambian el nombre o se lo agregan a esta concurrida vialidad.

Tiene muchos "asegunes" esta proposición, inoportuna por oportunista, de la alcaldesa Margarita en campaña para gobernadora, porque es ella sin duda quien propone. Pero el principal de ellos es que, como de costumbre con los héroes que fueron modestos en vida, los homenajes acedos prematuramente de los políticos y otros ujieres movedores de bote lastiman la grandeza y el honor del objeto de los arrumacos.

Si Lorenzo Zambrano fue un hombre modesto y elusivo de la fama pública, bautizar una calle con su nombre, levantarle una estatua horrible o nombrar escuelas o campuses en su memoria, es una indiscreta traición a su discreción. Además, el tiempo es quisquilloso y vuelve insultante en el futuro el oportunismo del pasado.

Algunos de los hijos de don Roberto Garza Sada, castigada su modestia con una calle con su nombre, se dolían en vida, pues ya murieron aquellos a los que me refiero, de que el nombre de su padre hubiera servido póstumamente para nombrar una actividad juvenil no bien vista por los adultos: "robertear" en la Roberto, decían hace algunos años los chavitos de la Del Valle para significar ruletear y dar vueltas como loquitos en la homenajeadora avenida, devenida en lápida indeseada y hasta ofensiva.

Si verdaderamente queremos honrar a los héroes, y sin duda Lorenzo es uno de ellos, dejémoslos en paz y respetemos sus condiciones naturales.

Honremos y continuemos lo que hicieron, no el nombre y la luz oportunista que rechazaron, como lo hizo sin lugar a dudas el discreto y juicioso Lorenzo Zambrano, a quien el Ayuntamiento panista de Monterrey amenaza con asociar su nombre al de una Constitución sistemáticamente violada y reformada a cada rato por costureras chambonas.

Déjenlo en paz y guarden sus homenajes para sus propios colegas.

diazgarza@gmail.com