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Suelo fértil

SAPIENZA

El Tratado de Versalles vino a acrecentar la sensación de pobreza que ya se sentía en el pueblo alemán de principios del siglo 20. En el invierno de 1917-1918 el llamado invierno de los nabos había agudizado la crisis de alimentos que obligó al pueblo a consumir las raíces y las plantas que se usaban sólo para la alimentación de animales. Habían sido cuatro años de crecientes privaciones debido a la guerra, y la puntilla al orgullo alemán se dio cuando se les culpó de ser el único instigador de la Gran Guerra, cuestión que pesó más que los sacrificios que le impusieron como castigo, que consistía, entre otras cosas, en reducir su ejército a 100,000 voluntarios, restringir drásticamente la fabricación de armas, pagar una indemnización de 31,500 millones de dólares y devolver buena parte del territorio conquistado. Debía deshacerse de sus colonias en África, y durante 15 años Francia explotaría las minas de carbón en Sarre. Quizá ningún pueblo había sido castigado tan severamente. No hacía ni cinco décadas que Alemania se había constituido como nación bajo el liderazgo de Otto von Bismark. Habiendo llegado tarde al reparto de tierras en ultramar del que habían gozado por siglos otras naciones europeas, Alemania se sintió con el derecho de expandir sus fronteras aprovechando el conflicto que se había desatado por el asesinato del archiduque Ferdinand de Austria el 28 de junio de 1914, conflicto que desataría la Primera Guerra Mundial. Aunque podrían repartirse culpabilidades, Alemania fue señalada como la única responsable del conflicto y se le impuso una condena severa, más que a los vencidos en otras guerras. Al representante alemán en Versalles, Ulrich Graf von Brockdorff Rantzau, ni siquiera se le permitió estar presente en las pláticas para abogar por el destino de su pueblo. Los Aliados se erigirían como jueces victoriosos dejando en el pueblo alemán la sensación de ira. Era más de lo que podían soportar, dijo Brockdorff. Aquí podría citarse al libro The Dynasts, de Thomas Hardy: "No queda nada más que venganza entre los fuertes y rabia impotente entre los débiles". No quedó nada, sino suelo fértil para que, con la excusa de vengar al pueblo alemán, se levantara con rabia el poder nazi, el cual, aunque sería vencido, se cobraría muy cara la afrenta.