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Tabú sagrado del siglo 21

COMALLI

Para establecer una comprensión semejante en relación con los conceptos "empleo" y "trabajo", es pertinente recordar sus definiciones. Emplear viene del francés employer, derivado del latín implicare, que entre otras acepciones significa enredar. De acuerdo con la Real Academia Española, emplear es sinónimo de usar y utilizar, que a su vez significan "hacer servir para algo una cosa". Trabajar, independientemente de su origen etimológico, en el DRAE significa: "ocuparse en cualquier actividad física o intelectual, ejercer determinada profesión u oficio, dedicarse con esfuerzo a la realización de algo, para producir un efecto", entre otros. Entonces, emplear y trabajar, empleado y trabajador, son dos conceptos extrañados en su génesis, constitución y desarrollo. Sus respectivas teleologías se repelen y resultan divergentes respecto al progreso humano y, sobre todo, al "éxito empresarial". De manera chapucera el mundo "perfectamente" globalizado, con sus millones de pobres "perfectamente" localizados; empleo y trabajo significan lo mismo. Si prestamos atención, la única coincidencia entre ellas es que, tanto "el empleado" como "el trabajador" deben realizar un esfuerzo, aunque no todo esfuerzo represente la posibilidad de progreso (humano). En 1974 cuando egresé de la universidad como ingeniero bioquímico, ya era uno más de ese inmenso y creciente número de "buscadores de trabajo" marginados de la economía turbocapitalista. ¿En dónde se encuentra el trabajo si es que existe? "Vivimos en medio de una falacia descomunal, un mundo desaparecido…que se pretende perpetuar mediante políticas artificiales. Millones de destinos son destruidos, aniquilados…debido a estratagemas pertinaces destinadas a mantener con vida para siempre nuestro tabú más sagrado: el trabajo" (V. Forrester-1996). La hipercompetitividad de esta era, basada en la "rentabilidad", es decir, en darle ganancias a las ganancias, ha incrementado logarítmicamente la precariedad y el "desempleo". Dentro de esta vorágine utilitarista, no sólo ha desaparecido el trabajo, sino que las personas somos como "una cosa" en vías de extinción, que para "merecer ser empleada (usada)", requiere de poderes excepcionales que los convierta en explotables. Como dice Edgar Morin, "la palabra trabajo es un monolito que debe ser desmontado".

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