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Opinión

Techplomacy y el futuro de la diplomacia

DESDE EL PACÍFICO

Por Miguel Mendívil Roiz

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El papel desempeñado por los avances tecnológicos y las grandes empresas del sector en nuestras actividades diarias da muestra de su creciente alcance y relevancia. La diplomacia no está exenta de esta expansión, dando lugar a un nuevo campo denominado diplomacia tecnológica, o Techplomacy.

El surgimiento de Techplomacy implica la llegada de nuevos retos a las discusiones internacionales. Hoy, los diplomáticos deben familiarizarse con los conceptos y funcionamiento de las manifestaciones de la inteligencia artificial a fin de regular su uso en armamentos y conflictos, o incorporar el crecimiento tecnológico exponencial en el futuro del desarrollo socioeconómico.

Techplomacy también genera una mayor participación e influencia de las big tech en espacios diplomáticos tradicionalmente reservados a Estados. La decisión de Dinamarca de nombrar al primer embajador tecnológico de la historia con el mandato de representar a su país ante a las empresas en Silicon Valley y en China, o la apertura de la oficina de Microsoft ante la ONU, ejemplifican la evolución en la interacción entre Estados y big tech mediante una emergente categoría de representaciones diplomáticas atípicas. 

Aunado a lo anterior, la adopción de principios éticos en el uso de inteligencia artificial celebrado entre Microsoft, IBM y el Vaticano, da seña del futuro de los acuerdos internacionales, donde diferentes actores colaboran como iguales en la negociación e implementación de políticas globales. 

El nacimiento de Techplomacy se da en un contexto de fricción entre China y EE.UU., con el potencial de instalar un sistema internacional dividido en áreas de influencia tecnológica. La animadversión impulsada por Washington hacia Huawei y otras empresas chinas deja ver los alcances de la actual carrera tecnológica, en la cual el diplomático del futuro tendrá que navegar. 

Para México, este fenómeno invita a considerar la creación de un cuerpo diplomático especializado en los aspectos técnicos y políticos de las nuevas tecnologías y en el funcionamiento de las big tech. 

Asimismo, Techplomacy presenta una oportunidad para definir la relación entre México y las big tech a través de interacciones de orden diplomático mediante el nombramiento de un embajador tecnológico o la creación de instancias dedicadas al tema.

Estamos también ante el imperativo de entender el papel que México podría desempeñar en el vecino escenario de esferas de influencias tecnológicas lideradas por dos Estados y sus respectivas big tech, lo cual requiere el desarrollo de capacidades diplomáticas adaptadas al siglo XXI.

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Otros países han seguido el ejemplo danés al nombrar diplomáticos ante compañías tech; las oficinas de Microsoft en Nueva York o Bruselas serán replicadas por Alibaba o Facebook. México aún está a tiempo de influir en el desarrollo de la diplomacia del siglo XXI. 

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