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Opinión

¿Tengo algunos dioses?

Por: José Martínez Colín

Para saber. El papa Francisco recordó el primer mandamiento: «No habrá para ti otros dioses delante de mí» (Éx 20, 3), pues la idolatría sigue siendo actual, incluso hay idólatras sin saberlo. La idolatría consiste en divinizar lo que no es Dios. Se hace un dios de algo cuando se pone en el centro de la propia vida. Hoy en día hay un “supermercado” de ídolos: objetos, ideas, cargo. Se vuelven en lo absoluto e intocable, más importante que un cónyuge, que un hijo, que una amistad o que el mismo Dios.

Para pensar. El papa Francisco recordaba que en Buenos Aires, caminando, atravesó un parque en el que había más de 50 mesas cada una con dos sillas y la gente sentada una delante de otra. ¿Qué hacían? El tarot. Iban ahí “a rezar” al ídolo. En vez de rezar a Dios, que es providencia del futuro, iban porque leían las cartas para ver el futuro. Eso es idolatría. Los ídolos nos roban el verdadero amor. El apego a un objeto nos hacen ciegos al amor, y podemos renegar del padre, los hijos, la mujer, el esposo, la familia... lo más querido. El papa Francisco nos pregunta: “¿Vas a que te digan el futuro, en vez de rezar al Señor? ¿Cuál es tu ídolo?” Y nos invita a tirarlo por la ventana.

Para vivir.  Así como en la antigüedad se sacrificaba a humanos a los ídolos, también hoy los exigen: la diosa de la profesión exige que se sacrifique a los hijos, descuidándolos o no teniéndolos. La diosa belleza pide nuestro tiempo y dinero, demasiadas horas delante del espejo o en el gimnasio. No es mal maquillarse o hacer ejercicio, pero de forma normal, no para convertirla en una diosa. La diosa de la fama, el dinero, el placer piden la inmolación de la inocencia, de la autenticidad, de la verdad y honradez.