Opinión

Crisis y riesgos en el IMSS

PUNTO DE VISTA

Por  Teresa Guerra

LA CRISIS DEL IMSS. Mas allá de los argumentos políticos, además de los recortes e injerencia de la Secretaría de Hacienda en el IMSS, que exime Germán Martínez en su renuncia, lo que mayormente preocupa es la situación financiera del principal organismo de seguridad social del país. El IMSS tiene una población derechohabiente que excede los 50 millones, entre trabajadores sujetos al régimen obligatorio, familiares afiliados y beneficiarios de otros programas. Es la institución más importante del país, la cual, lamentablemente, desde sexenios anteriores padece los efectos de malas decisiones, retrocesos legislativos y recortes presupuestarios que se han hecho desmantelando los principios que dieron origen a la seguridad social, individualizando y privatizando el sistema pensionario del IMSS.

La ley del IMSS entró en vigor en enero de 1943. Después de varias reformas, en diciembre de 1995 sufrió un cambio estructural que entró en vigor en julio de 1997. Esta reforma generó graves retrocesos, restricción de derechos y privatizó la administración de los fondos de pensiones, terminando con el sistema de reparto y creando las cuentas individuales, que atentan contra las bases sociales y el régimen colectivo que tenía la ley anterior.

A partir de julio de 1997 se crearon las Afores (administradoras de cuentas individuales) condenando a los futuros pensionarios a recibir pensiones precarias, porque sus fondos se manejan con fines especulativos, mientras las Afores ganan altas utilidades con la administración de esos fondos, además porque las cuentas individuales, al ser bajo los salarios y las aportaciones obrero-patronales, no generan el ahorro suficiente para obtener pensiones dignas.

Aparte, con la privatización en el manejo de los fondos pensionarios se descapitalizó más al IMSS, sobre todo a los programas de salud a su cargo, ya que los fondos de las cuotas obrero-patronales principalmente son para pensiones y son manejadas por el sector privado, sobre todo bancos, quienes administran los dineros de los futuros pensionarios sin generar rendimientos y en deterioro de los montos de pensiones y de otros programas del IMSS.

La renuncia de Germán Martínez debiera ser el punto de partida para una reflexión de fondo sobre el futuro de la seguridad social en México, porque a partir de 2021, al cumplirse 24 años de la vigencia de la nueva ley del IMSS, las futuras pensiones que se otorguen serán fundamentalmente bajo el amparo del nuevo marco normativo, y todas serán minipensiones, ya que las cuentas individuales y las Afores no generarán pensiones dignas, sino solo pensiones mínimas.

Aparte de las carencias que ya tenía el IMSS, del deterioro de la infraestructura, insuficiencia de quirófanos, camas, médicos, enfermeras, hospitales y medicamentos, entre otros, preocupan los recortes que la Secretaría de Hacienda está aplicando, porque va en detrimento de la calidad de los servicios médicos. Cierto, AMLO no provocó la crisis, pero si el IMSS ya estaba mal, sin el dinero suficiente para operar, puede estar peor. ¿O no?

Y la interrogante es, ¿cómo van a afiliar a más personas al IMSS, como Jóvenes Construyendo el Futuro y las empleadas domésticas, si no están destinando más recursos a la seguridad social?

EL RIESGO. AMLO puede tener buenas intenciones, pero si no administra bien los dineros, su proyecto puede errar; deteriorar la inversión en seguridad social, en ciencia y tecnología, en cultura, entre otros recortes, puede salirle más caro al país y a su Gobierno. 

Apoyar a ninis y a exhuachicoleros es bueno, pero a costa de la ciencia y la seguridad social es riesgoso. ¿O no?