Opinión

Enseñanza de la elección

PUNTO DE VISTA

Por  Teresa Guerra

LECTURA DE LA ELECCIÓN. La última elección de gobernador, antes de la reciente, ganada con un porcentaje superior al cincuenta por ciento de votantes, fue la de Francisco Labastida Ochoa; las elecciones de Renato Vega, Juan Millán, Jesús Aguilar, Mario López Valdez y Quirino Ordaz no lograron superar el 50 por ciento de los votantes.

Hay que decir que las contiendas en Sinaloa se volvieron más competitivas desde 1986, en aquellos años había un PAN pujante y un PRI dominante; en la elección de 1998, donde contendió Rubén Rocha Moya como candidato del PRD, contra Juan Millán y Emilio Goicoechea, el partido del Sol Azteca logró una votación significativa del 18 por ciento. Luego vendría la contienda de Heriberto Félix Guerra por el PAN, que, según el anecdotario, le ganó a Jesús Aguilar, aunque no reconocieron su triunfo gracias a las trampas con llenado de urnas en Badiraguato. Después seguiría Mario López Valdez, quien ganó bajó las siglas del PAN y PRD, y posteriormente Quirino Ordaz.

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Rubén Rocha Moya logró la hazaña de obtener el 56 por ciento de los votos, el porcentaje más alto en los últimos 35 años, además de ser el más alto a nivel nacional. La del domingo fue una elección que literalmente borró del mapa político al resto de partidos contendientes, concentrándose la disputa entre Mario Zamora, del PRI-PAN-PRD, y Rubén Rocha, de Morena-PAS. Mario Zamora logró un poco más del 32 por ciento, una votación significativa en un escenario complicado para el PRI y en un ambiente de derrota nacional y estatal para el tricolor. Sin embargo, dicho porcentaje no alcanzó para obtener victorias en ninguna alcaldía de la entidad, en ninguna diputación federal, y solamente lograron un escaño de las 24 diputaciones locales en disputa. Es la peor derrota que ha sufrido el PRI en toda su historia política en Sinaloa, es también la mayor debacle del PAN y del PRD en la entidad.

Morena, como en los mejores tiempos del PRI, se erige hoy como fuerza política dominante; sin contar con estructura directiva en el estado y sin organización territorial, con apoyo contundente de los electores, se convertirá en el partido gobernante en 15 municipios, en el Congreso del Estado y en la gubernatura.

Del tamaño de la victoria será el reto, porque un respaldo de esa magnitud amerita resultados y logros contundentes, una verdadera transformación del quehacer público, y beneficios concretos para gobernados; de lo contrario, el desencanto de la inconformidad pueden llegar muy pronto. ¿O no?

La mancha del proceso fue la incursión de comandos armados y narcopolíticos. ¿Será?

LA DERROTA EN LA CDMX. A diferencia de lo que sucedió en Sinaloa, en la CDMX y en el Estado de México, Morena tuvo sus descalabros. 9 de 16 delegaciones de la CDMX fueron perdidas por Morena, bastiones importantes de la izquierda, fueron recuperados por el PRI-PAN-PRD, e importantes liderazgos, como el de Pablo Gómez y Alfonso Ramírez Cuéllar, perdieron en las urnas frente a contendientes sin trayectoria política seria. La CDMX se convirtió en el lugar con mayor oposición para Morena, y con más contrapesos para el presidente, y ello debe llevarlos a una lectura autocrítica de los resultados, porque sin duda, más que una tendencia hacia la derecha, de un electorado que históricamente ha sido crítico, libre pensador y de izquierda, se trata de un voto de castigo al Gobierno de la 4T. ¿O no?

Las victorias y las derrotas deben ponderarse en su justa dimensión. Aprender de ellas y sopesar los compromisos que significan. ¿O no?

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