Opinión

La vida después de la pandemia

PUNTO DE VISTA

Por  Teresa Guerra

LA VIDA SIGUE. Paralizada e interrumpida la normalidad y movilidad, con bajos ingresos o en el desempleo, con familiares contagiados o algunos cercanos fallecidos, sin embargo, la vida continúa aun con  la pandemia. Y seguirá después, debiendo hacer ajustes a nuestras rutinas, higiene y hábitos de cuidado, porque el coronavirus llegó para quedarse. Quizá la cura o la vacuna llegue en los próximos meses y nos permita recuperar, poco a poco, la vida que teníamos, si es que sobrevivimos al contagio.

No obstante, debemos de aprender las lecciones que nos ha dado la contingencia sanitaria. Ahora sí, confirmamos que los más importante es tener salud. Siempre lo decimos, pero pocas veces lo reafirmábamos con tanta fuerza como ahora. La vida y la salud de los nuestros en familia importa más que cualquier cosa material o fortuna, también es algo común que se mencione, pero poco se valora, incluso, es frecuente los diferendos en familia por bienes materiales o riquezas, que nadie se lleva a la tumba.

El coronavirus confirmó que lo mismo afecta a ricos y pobres, y que sin distingos de clases sociales y razas ha golpeado a pueblos y naciones que se consideraban con muchas fortalezas. El ejemplo más duro es Estados Unidos, es el país con el mayor número de contagios y de muertes; 96 mil 354 fallecidos por coronavirus hasta ayer, con 1 millón 620 mil contagiados en nuestro vecino del norte. Inglaterra, Francia, Italia, España, entre otros, han sido sacudidos también por los contagios y muertes, superando con creces a China en número de afectados. Alemania sigue siendo el país Europeo con menos letalidad, y Rusia, por su parte, con alta estadística de contagios (más de 300 mil), pero muy pocos fallecidos. Todas las grandes potencias han sido cimbradas, igual en las familias, ricas y pobres, han enfrentado con miedo la pandemia y han perdido seres queridos.

El miedo colectivo se apoderó de los habitantes de las naciones, sin embargo, la inconsciencia e irresponsabilidad también están presentes. Las crisis sacan lo mejor y lo peor de los humanos y, paradójicamente, no dejan de convertirse en oportunidad para cambiar, crecer y adaptarse a la nueva realidad que la enfermedad y la precariedad dejan.

Habrá un mañana después de COVID-19, y seguiremos con necesidades de seguir sobreviviendo y creciendo. De la emergencia debemos de aprender que seguimos siendo frágiles como humanidad, que no somos inmunes, que la ciencia y la tecnología ayudan, pero no dominan la vida, ni controlan todos los riesgos.
Habrá mañana si nos cuidamos y somos responsables, y habrá futuro después de la pandemia y de sortear la crisis que, sin duda, llegará y nos golpeará a todos. Ojalá aprendamos la lección, seamos constructivos y cooperemos para salir pronto de la emergencia y de la crisis. ¿Será?

LA CURVA ALTA. Mientras tanto, México vive la peor semana en números de contagios y muertes. Casi 60 mil casos confirmados, y eso que se hacen muy pocas pruebas en el país, y más de 6 mil 500 defunciones. Han sido los días más difíciles, incluso para el manejo de cadáveres, sobre todo en la Ciudad de México, Estado de México, Baja California, Tabasco y Sinaloa. La curva no se aplana, ni en la entidad ni el país, por ello ha generado polémica que en plena curva alta se haya levando la ley seca en Sinaloa (que no fue tan seca para algunos), y que se hable de volver a las actividades, cuando estamos en el peor momento. ¿O no?

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