Opinión

Lucrando con la muerte

PUNTO DE VISTA

Por  Teresa Guerra

Trabajador de una funeraria frente a los féretros de víctimas de la Ciudad de México.(Foto: AP)

Trabajador de una funeraria frente a los féretros de víctimas de la Ciudad de México. | Foto: AP

Con mi cariño y solidaridad a Mara Aréchiga, por la muerte de su hermano.

ABUSO HASTA EN LA MUERTE. No todos han perdido con la pandemia, y uno de los ramos que más utilidades está obteniendo son las empresas funerarias. El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, el día de ayer reconoció que tan solo en la Ciudad de México se han triplicado el número de muertes; el Estado de México, Baja California, Veracruz y Sinaloa también figuran entre las entidades que han multiplicado los decesos a partir de la llegada de la COVID-19.

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A nivel nacional, se reconocen 29 mil 189 decesos por coronavirus, además de los cientos de decesos que no se han confirmado, pero que son sospechosos, y los que se suman por homicidios (que, por cierto, han aumentado en el país y en Sinaloa), muertes por accidentes y enfermedades que no pueden atenderse como es debido, al estar concentrados los recursos médicos en la emergencia sanitaria. 

Lo más preocupante, pese a ser de los ramos de negocios que gana con la muerte, es que se estén cometiendo abusos por las empresas funerarias y estén aprovechándose de la emergencia, no solo subiendo los precios por los servicios de cremación, renta de salas, ataúdes y demás insumos, sino que han incorporado los costos de los trajes de protección que lleva el personal de la casa funeraria al recoger el cuerpo, así como gastos extraordinarios por dicho servicio.

Es lamentable que, además de hacer negocio con tanta muerte, se abuse también de los familiares, quienes en medio del dolor firman sin darse cuenta de los altos costos que les están cobrando por los servicios funerarios. Y por cierto, al inicio de la pandemia se ofreció de parte del Gobierno federal dar un apoyo a los familiares con los costos de la cremación de quienes murieran por el contagio; en el caso de Sinaloa, ese apoyo nunca llegó. Según se sabe, en la CDMX sí se está dando. ¿Qué pasaría o dónde se extravió?, porque el recurso nunca llegó a las víctimas de Sinaloa.

SIN OXÍGENO. Si es usted de las personas que no se ha enfermado de coronavirus, es afortunado y no lo es a la vez, porque si se llega a enfermar en un futuro, y se complica su caso, considere posible el escenario de que no haya oxígeno. Ya se ha denunciado por varias familias que en el IMSS de Culiacán y de Ahome se les ha terminado en diversos momentos el oxígeno, que es un insumo indispensable en el tratamiento de casos complicados de COVID-19; y que ello ha orillado a los familiares a trasladar a los enfermos a otros hospitales y tener que gastar en el tratamiento y hospitalización. Lo peor del caso es que el oxígeno en Sinaloa ha empezado a escasear, y se dice que pudiera no haber suficiente para los próximos meses, en los cuales se prevé que los casos de contagio sigan. 

Aparte del abuso que también se está haciendo con los precios de los tanques de oxígeno, aprovechándose los proveedores de la escasez y de la alta demanda. Igualmente, hay abusos en los precios de medicamentos, como el del tocilizumab, que originalmente tenía un precio de 14 mil pesos, y que ahora, por la escasez, se vende al doble o triple de su precio normal.

Y mientras todos estos abusos se dan, la Profeco ni se ve ni se escucha. Como en los viejos tiempos, algunas dependencias de Gobierno federal siguen sin sacudirse de la inercia de la burocracia. ¿Será?

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