Opinión

Protestas feministas

PUNTO DE VISTA

Por  Teresa Guerra

¿RADICALISMO EN PROTESTAS? Las manifestaciones de organismos de mujeres este viernes pasado, en la exigencia de justicia y reclamando un alto a la violencia contra mujeres, terminaron generando controversia nacional y polarizando a la opinión pública; unas voces se manifiestan a favor, y otras en contra de las formas en las cuales expresaron sus exigencias. El mayor logro fue visibilizar el tema, hacer que la indiferencia no prevalezca en un problema que debe importar, porque cada vez hay mayor crueldad contra niñas y jóvenes que terminan siendo víctimas de abuso sexual, de acoso callejero, de violencia en el hogar, de feminicidios y agresividad. 

Cierto es que algunas de las protestas se salieron de control, que la rabia, la impotencia, el coraje de algunas por la impunidad, por la violencia creciente y la indiferencia de autoridades ante el aumento de la violencia sexual y feminicida llevó a muchas a expresarlo en paredes, en calles, en vidrios; rayando y quizá golpeando lo que encontraban a su alrededor. 

Cierto es que no es correcto agredir, y que desde la opinión de algunos la manifestación radical de feministas, afectando edificios y fachadas, polariza más el tema y no suma adeptos a la causa. Sin embargo, lo que no se toma en cuenta es que hubo factores que motivaron las expresiones radicales de algunas mujeres. Entre ellas, el conservadurismo de las autoridades en la Ciudad de México en los temas de género, increíblemente, proviniendo Claudia Sheinbaum de un partido de izquierda que históricamente han sido aliados de las luchas de las mujeres, funcionarios cercanos a su Gobierno votaron en contra de la declaratoria de alerta de género en la Ciudad de México; según, porque los factores que fundamentaron la solicitud estaban rebasados y que no era necesario, sin embargo, no solo en la capital del país, sino en todo el territorio la violencia contra mujeres viene en aumento. Además, ha habido incomprensión y falta de empatía a las causas de género de parte de algunos mandos del Gobierno federal, al extremo de que hay retrocesos en los programas de apoyo a mujeres víctimas de violencia. Desde el debate del presupuesto no tuvieron la sensibilidad de conservar, y mucho menos aumentar, apoyos para refugios, programas de sensibilización, unidades de género y albergues de mujeres que son víctimas de violencia.

Redujeron programas, quitaron recursos, minimizaron el tema de la violencia a las mujeres y los feminicidios; y las voces de las feministas del Gobierno de la cuarta transformación siguen sin ser escuchadas.

Quizá este contexto pueda explicar, y hacer que se entienda, sin justificar, el porqué las feministas, sobre todo en la Ciudad de México, mostraban tal indignación y rebeldía. Sobre todo frente al hecho de las violaciones frecuentes que han acontecido en la Ciudad de México, el aumento de la trata de personas, menores de edad, el abuso sexual, violencia en el hogar y feminicidios. La rabia se volcó ante inmuebles, incluso ante hombres que se acercaban a las marchas. La violencia no es el camino, pero es más grave la indiferencia, impunidad y la desatención que a habido históricamente ante la crueldad y violencia que padecen las mujeres.

Menos mal que la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, rectificó en sus descalificaciones. Falta que se active y actúen para frenar la violencia contra mujeres que hay en la capital. ¿O no?

Ojalá también las protestas sirvan de llamada de atención a funcionarios del Gobierno federal, que no le entienden ni quieren entender la causa de las mujeres.