Opinión

Pueblos inundados de contagios

PUNTO DE VISTA

Por  Teresa Guerra

Personas utilizando cubrebocas.(Foto temática El Debate)

Personas utilizando cubrebocas. | Foto temática El Debate

¿SEMÁFORO NARANJA? Más allá del color de los semáforos, la realidad del nivel de contagio y muerte por COVID-19 en el país y en Sinaloa son preocupantes. El círculo se estrecha, y cada vez son más las personas conocidas, familiares y amigos, que se contagian; y algunos, lamentablemente, han perdido la batalla ante el COVID-19. Del extranjero llegó a México el virus y se transmitió primero en grandes ciudades. La CDMX, Monterrey, Guadalajara, entre otras, figuraron al inicio de los contagios en el país, fueron bajando y en otras subió, como en las ciudades de Sinaloa. Hoy, el coronavirus, además de las ciudades, está en los pueblos, decenas de comunidades pequeñas están infestadas de casos de coronavirus, algunos lugareños de esos pueblos mueren sin alcanzar a ser atendidos en un hospital ni diagnosticados.
Varias rancherías de Sinaloa son ejemplo de ello, y a esas comunidades, menos aún que en la ciudad, no llega la atención médica con oportunidad y calidad. Quienes tienen los medios ya no están en los pueblos, emigraron, huyendo primero de la violencia y ahora del contagio; saben que, en caso de enfermarse, a las rancherías no llegarán los servicios médicos de calidad ni habrá suficiente infraestructura hospitalaria, así que han emigrado para asegurar atención más oportuna.

Se sabe de varias comunidades donde la población se desplaza de un lugar a otro en busca de los medicamentos o de un tanque de oxígeno, se conoce también de casos de contagiados que, por falta de los insumos y ante la escasez de oxígeno, han fallecido por ello. Si en las ciudades hay dificultades para los insumos, y en los hospitales públicos hay carencias de medicamentos y de personal, en las rancherías es peor el problema.

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Y mientras los casos de contagios y muertes se multiplican a nuestro alrededor, los semáforos cambian de color a capricho de la clase política, priorizando la reactivación económica. De rojo pasamos a naranja, sin que el riesgo se disminuya, solamente para justificar la reapertura de negocios.

Y muestra de ello es que en el país entidades como la CDMX y Sinaloa están en naranja, mientras el país   hoy superó a Inglaterra en número de muertes por COVID-19 y se colocó en el nada honroso tercer lugar a nivel mundial por número de muertes; sólo es superado por Estados Unidos y Brasil. El semáforo está en naranja, mientras la muerte ronda en México y avanza cada día más. ¿O no?

¿REBROTE O REBRUTOS? En algunos lugares de Europa se habla ya de un rebrote. En México no hemos cerrado aún la primera etapa, y quizá se empalme con la segunda vuelta, toda vez que para el mes de octubre se contempla en varios países el retorno de casos; y a como vamos en el país, llegaremos a esa fecha con miles de casos y muertes, salvo que llegue la vacuna y ponga freno a la pandemia. Ojalá.

Lo real es que a las carencias de insumos e insuficiencias en hospitales, en México se suma la irreverencia y falta de cooperación de algunos sectores de la sociedad; no es rebrote, son rebrutos, dicen algunos, porque es preocupante que jóvenes y no tan jóvenes pongan en riesgo a sus familias y comunidades, toda vez que, sabiendo que pueden contagiar, se reúnen en bolas, hacen fiestas, se congregan en borracheras, en las playas y regresan a sus hogares a contagiar a sus mayores. No todo es tarea de las autoridades, también se necesita la cooperación ciudadana. ¿O no?

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