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Testimonio

EDUCACIÓN, HOY

Este mes es inolvidable en todo el país porque se celebran muchísimas graduaciones y fines de ciclo en la vida. En lo particular, junio es especial porque hace cuarenta años y cinco días, tuve el privilegio de graduarme junto a noventa y dos compañeros como maestro. Mi alma máter fue la benemérita Escuela Normal Rural Plutarco Elías Calles, de El Quinto, Sonora, y con orgullo lo digo, pertenezco a una brigada memorable de profesores forjados desde sus inicios como agentes sociales de cambio y transformación social. Herederos de una mística de entrega apasionada al que hacer educativo dentro y fuera del aula, recogimos la estafeta del sesenta y ocho y sin dudarlo, contribuimos con nuestro granito de arena en la construcción de un estado y un país más democrático, más justo y más abierto al cambio desde las comunidades rurales y urbanas en que nos tocó desempeñarnos como docentes. En cuatro décadas hemos sido testigos de las grandes transformaciones ocurridas y nos llena de orgullo poder afirmar que si bien es cierto, falta mucho por hacer, ya no padecemos un régimen político autoritario, vertical y cerrado. En la actualidad, los verdaderos profesores tienen a su disposición un conjunto de herramientas que en su momento fueron materia de ensoñación nuestra; entre ellas destacan la profesionalización y la posibilidad real de obtener mejores condiciones de vida en todos los órdenes. Cuarenta años se dicen fácil, pero en ese breve espacio de tiempo está toda una vida llena de experiencias de aprendizaje que me han servido como soporte para estar agradecido con la vida que me tocó vivir, casi siempre al servicio de una de las profesiones mas nobles que existen, como es el magisterio. Gracias a todos y felicidades a mis colegas.

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